LA REENCARNACIÓN: EL VIAJE INTERMINABLE

“Si un asiático me pidiese una definición de Europa, me vería obligado a contestarle lo siguiente: Es aquella parte del mundo en la cual prevalece la increíble falacia de que el hombre fue creado de la nada y que su nacimiento actual constituye su primera entrada a la vida”.
Shopenhauer

La profunda ignorancia que aún existe sobre la Reencarnación se aprecia en afirmaciones muy   ageneralizadas como éstas: “Dios me ha castigado con esta enfermedad. ¿Qué culpa tengo yo de lo que hice en otra vida, para tener que pagarlo en ésta?” En esa ignorancia se equipara a Dios con la mentalidad humana tan cambiante y egoísta; capaz de ofrecer promesas a cambio de lo que se pretende conseguir, ignorándole cuando van bien las cosas o criticando su postura si se ven desfavorecidos. O por otro lado, se espera el premio de un Cielo por las buenas obras, o el Infierno eterno por ser unos pecadores. Cosas así aún se escuchan con frecuencia, a dos pasos del nuevo milenio; mientras otros, despojados de la carcoma de su traje viejo, han hecho resurgir de su interior al hombre nuevo que sueña y se prepara para vivir en la Nueva Era de la Regeneración. 

  Por eso es tan necesario que la Luz, como indicaba el Maestro de Nazaret, esté sobre el “celemín”; ya que hora es de que todos los seres humanos descubran las eternas y controvertidas preguntas que han marcado parte de sus vidas: ¿Quién soy? ¿De donde vengo? ¿Por qué he de sufrir? ¿Para qué luchar si todo acaba con la muerte? ¿Por qué me siento atraído por personas de mi propio sexo? ¿Es posible reencarnar en un animal? 

  Es por tanto la Reencarnación una de las Maravillosas Leyes Divinas, por la cual se hace comprensible para la humanidad tantas preguntas sin respuesta, como las desigualdades que existen en este nuestro planeta-escuela que es la Tierra. A la vez, manifiesta una nueva comprensión de Dios mucho más extensa; que provee a sus hijos de cuantas oportunidades necesita a través de distintas vidas para adquirir conocimiento y evolucionar, regresando junto a Él para vivir eternamente, tras alcanzar el espíritu humano la emancipación de los mundos físicos cuando consigamos ser, como bien nos dijera el sublime Jesús: “... Perfectos como mi Padre es perfecto”. 
Si nos remontamos en el tiempo a través de nuestra propia historia, podemos descubrir que la idea de la Reencarnación ha estado plenamente instalada como algo natural en las creencias ancestrales de toda Asia, Caldea, Egipto, en los pueblos celtas de Europa y prácticamente en el fundamento esencial de todas las grandes religiones. También fue sostenida por filósofos como Sócrates, Pitágoras, Platón, Apolonio de Tiana, etc. Y tanto Jesús como sus apóstoles y discípulos no sólo la conocían, sino que creían firmemente en ella, predominando durante los primeros siglos del cristianismo por toda Europa, hasta que en el año 553, en el Concilio de Constantinopla, promovida por el emperador Justiniano I y refrendado por el Papa Virgilio, se promulgó una ley que decía: “Todo aquél que sostenga la mítica idea de la preexistencia del alma y la maravillosa opinión de su regreso será anatemizado”. 

  Luego vino toda aquella época de oscurantismo en la cual fue ocultada y perseguida durante siglos por los convencionalismos religiosos del clero católico, que disfrutaba de un gran poder político y social. 

  Muchos son aún los seres humanos que rechazan la idea de la Reencarnación, por el concepto tan limitado que tienen del tiempo y del espacio, ya que al estar su mentalidad formada en la creencia de una sola vida humana que acaba con la muerte, y que con ella se termina todo, les asusta la idea de vivir una y otra vez, aferrándose en su ignorancia a lo conocido y tradicional. 

Muchos hay también que se aferran como el crustáceo a la roca de sus convicciones, cerrándose en banda y no queriendo escuchar nada que sea diferente a ellas. Y unos por miedo y otros por escepticismo, no se molestan ni siquiera por ver qué hay de verdad en esos nuevos y desconocidos conceptos para ellos. 

Verdaderamente, el día en que el ser humano sea consciente de la grandeza de su destino sabrá desprenderse mejor de todo aquello que le empequeñece y rebaja. Sabrá gobernar y gobernarse según las leyes que rigen su propia vida y vivir en armonía dentro de una sociedad que también adelantará en el tiempo sus leyes y su forma de proceder en su cumplimiento. 

Cuando el hombre quiere ignorar su destino y vive enmedio de la mentira y del error, maldice a veces su propia vida, por ignorar que ésta es una más de las muchas oportunidades que Dios, en su Amor le ofrece a través de la Reencarnación para el progreso de su espíritu, ya que es el único que continuará viviendo en el tiempo y en el espacio por toda una eternidad. 

El término Palingenesia, proviene del griego Palin (de nuevo) y génesis (nacimiento), o sea “nacimiento de nuevo”. Este vocablo, usado en las escuelas filosóficas y espiritualistas para referirse a la ley que rige los renacimientos, comprende los procesos en toda manifestación de vida en todos los reinos: Mineral, Vegetal y Animal. 
Sin embargo, la diferencia que existe entre ésta y la palabra Reencarnación (del latín Incarnare, en carne), significando las dos lo mismo, es que esta última se refiere al renacimiento en la carne sólo en las etapas animal y humana 

Si abordamos el tema de la Reencarnación desde una postura puramente científica, sería necesario analizar los miles de casos médicos archivados y que apuntan inequívocamente hacia ella como la mejor explicación. 
Se trata de personas que, por alguna razón (como un estado de shock o traumático) han comenzado a recordar su vida anterior con tal precisión que sus datos han podido ser constatados sin error alguno. 
El caso de los niños prodigio, que veremos con más detenimiento, y de ciertas fobias manifestadas en ciertas personas también apuntan en la misma dirección. 

Con mucha frecuencia las nuevas ideas y muchos descubrimientos, han sido y son rechazados por los retrógradas detractores que ha habido en todos los tiempos, y en todas las ramas del saber y del conocimiento humano. 
El filósofo y notable médico español, Miguel Servet, en 1537 expuso su teoría de la circulación de la sangre y de la función de las válvulas del corazón, enfrentándose en contra de la oposición cerrada de todos sus colegas. Hoy, sin embargo, nadie se atrevería a negarlo.  
Un ejemplo de los innumerables que podríamos citar y que da idea de la fuerza que debe ser imprimida en las nuevas ideas para que terminen prevaleciendo entre las viejas y caducas estructuras del pensamiento de cada época.