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La Transformación
Solar y La Transformación Lunar
La verdadera transformación, la que hace mejores a los hombres,
comienza en uno mismo.
Fijáos
bien como algunos humanos muy eruditos que leen, estudian, aprenden
y se instruyen, no llegan a evolucionar totalmente de una manera eficaz
y adecuada para un progreso claro y eficiente en todos sus aspectos.
Para esta clase de personas,
la transformación que llevan a cabo es como aquella que se produce
en el interior de un huevo. Dentro de él hay unos cambios, es
evidente: esta la clara y la yema que se transforman, poco a poco, en
un ser vivo. Pero en su exterior la cascara sigue siendo, durante todo
este proceso, algo duro, frío, inexpresivo, rudo; hasta que llegado
el tiempo necesario, y este ser que se transforma, llega a romper la
cascara y salir al exterior.
En realidad, mis
queridos hermanos, pocos son los que desean cambiar totalmente para
llegar a ser, como el Maestro nos decía, “hombres nuevos”, regenerados,
transformados.
Las gentes, en realidad, no han comprendido ni aprendido a transformarse
totalmente. Ellos han cambiado sólo en su interior y siguen muy
aferrados a sus costumbres, su forma de hablar, de pensar y de sentir.
Estos son los que se transforman como el huevo.
Imagináos que tenéis ante vosotros
una lámpara con todo su cristal exterior sucio. En su interior,
una luz de aceite apenas puede brillar al exterior por toda la suciedad
que lo envuelve.
A medida que el tiempo evoluciona transformamos la luz de aceite por
la de una vela, después por una de gas, luego por otra eléctrica,
más tarde se descubre la energía atómica,
la solar, etc. Pero si el exterior de la lámpara sigue igual
de sucio, ¿cómo podréis apreciar, entonces, los
cambios que se han sucedido en la luz interna de la lámpara,
cuando exteriormente sigue de la misma forma?
Una auténtica transformación convierte al hombre más
culto espiritualmente, más ordenado, más metódico
y menos impulsivo, animalizado, egoísta e irracional.
Lo aleja de las extravagancias de su mundo primitivo y lo acerca al
buen gusto por lo sutil; al arte, a las bellezas de la naturaleza, al
respeto por la vida. Es, en definitiva, un gran e importante salto,
desde la imperfección hacia la perfección de todo lo interior
y lo exterior; porque, queridos hermanos, toda apariencia externa suele
ser un reflejo de lo que cada hombre lleva en sus más hondos
adentros.
Los seres humanos, en muchas ocasiones, nos alimentamos de la presencia
de otros. Cada uno de nosotros posee una particular emanación
invisible, que es para nosotros una tarjeta de visita de la que nos
nutrimos diariamente, y que bien nos puede resultar agradable o en realidad
todo lo contrario.
¿Por qué pensáis, si no, que es de vital importancia
a la hora de cocinar un plato su presencia final?, pues porque el éxito
de su agrado depende en gran medida de la transformación en el
sabor tanto o más que en su apariencia.
Es bien cierto que "el hábito no hace al monje", por aquello
que decimos a menudo de que se suele faltar a la sinceridad personal
cuando queremos aparentar lo que en definitiva no lo es; lo que demuestra
y denuncia que en realidad hay una notable carencia de un profundo cambio
interno, cuando se falta a la regla de la sinceridad hacia uno mismo
y hacia los demás.
La noche y el día de nuestro mundo, son los cambios más
importantes a los que se someten los hombres en su interior y en su
exterior.Aquellos que se han transformado en los valores más
esenciales del Conocimiento Espiritual se caracterizan por una personalidad
sincera y cordialmente abierta y distendida, todo lo contrario de ser
huraños, huidizos e introvertidos que son conductas contrarias
a una actitud espiritual.
A menudo suelen mostrarse como un hogar con sus puertas abiertas de
par en par, donde es fácil sentirse cálidamente acogido
y donde no se percibe la amenazadora sensación de la desconfianza,
el recelo, el temor, etc.
Se suele depositar en ellos los más desconocidos
secretos y se llega a sentir una gran seguridad y tranquilidad.
Además, es fácil sentir en esas personas una inmensa y
afable familiaridad que precede a una profunda amistad desde el primer
momento. La naturaleza que alfombra este mundo, suele mostrar unas extraordinarias
fórmulas para una correcta transformación en el ser humano:
la Transformación Solar y la Transformación Lunar, el
día y la noche que, sin ocultarnos sus evidentes cambios, modifican
y transforman enteramente todo el planeta en cada momento, en cada instante
de su continuo girar sobre sí mismo.
A pesar de ser procesos tan cotidianos, nos ocultan sus más íntimos
secretos y significados. Ésto es así porque el hombre
no se ha transformado lo suficiente como para poder comprenderlos ni
asimilarlos en su totalidad.
El ser humano, ciertamente ha aprendido poco a
ser observador de todos los elementos que tiene en su entorno, y tampoco
ha llegado a poder observarse profundamente a sí mismo.
Ha querido imponerse de una forma evidentemente irracional a lo que
ya estaba impuesto, como lo es la Naturaleza y así le ha ido.
Por eso evoluciona tan lentamente, consiguiendo
en esta vida más fracasos que éxitos, y por eso la Religión
del Espiritismo Cristiano le cuesta tanto abrirse paso por la vida del
ser humano.
La mayoría sólo desean transformarse externamente, tener
una casa más grande, un coche más lujoso, un “status”
social más alto, un trabajo más remunerado, etc.; pero
muy pocos se preocupan por buscar una transformación interior,
que les lleve a encontrar una riqueza espiritual perdurable más
allá de la muerte corporal, alejándolo de la suntuosidad
de una vida vanal y materialista que, a fin de cuentas, se ha de quedar
aquí tarde o temprano.
• La Transformación
Solar habla de todos los cambios y modificaciones que se
producen en la Naturaleza Espiritual del ser humano.
Durante el ciclo solar los cambios
de luz dan paso a días más largos, provechosos
y productivos; el clima es más cálido, se
inician las épocas de mayores cosechas, llega la
poética de la primavera y el hombre se acerca más
a la naturaleza, convive con ella; en definitiva, se acerca
más a Dios.
• La Transformación Lunar,
por contra parte, responde a la Naturaleza Humana, es la
fuerza impulsiva que domina y mueve mareas, instintos que
se desatan violentamente. Es una fuerza que antecede a todo
lo espiritual.
Por eso, entre otras cosas se producen
más desencarnaciones de noche que de día,
cuando el hombre entra en el sueño de su mundo terrestre
para despertar en el Mundo iluminado del Espíritu.
Las fases lunares
inspiran todo lo oculto, tanto para el bien como para el
mal en el ser humano.
El satélite terrestre
se oculta y aparece durante el ciclo lunar. Sin embargo, el sol jamás
se oculta, como lo hace regularmente la luna, y siempre que lo podemos
observar nos muestra su esplendoroso rostro luminiscente.
La transformación
del sol y la luna reflejan, perfectamente, el proceso de la contínua
y perpetua evolución del hombre. Son el antes y el después,
el pasado y el futuro; y en el fondo nos apuntan a que en el porvenir,
el hombre se encamina a formar parte de una civilización enteramente
solar, ya que entonces vivirá por completo en la Luz eterna
de Dios.
Os hablaba de los muchos obstáculos que ha encontrado y encuentra
el Espiritismo Cristiano por la falta de transformación de
sus practicantes y seguidores, lo que determina que ni siquiera el
Espiritismo es un remedio enteramente eficaz cuando en verdad, el
hombre, falta por completo al impulso forzoso que ha de dar con miras
al auténtico deseo de progresar.
En realidad,
queridos hermanos, las obras son las que determinan fielmente
donde se sitúa el alcance del progreso que ha llegado a conseguir
cada uno; compaginándolo, por supuesto, con el buen y correcto
saber de las cosas y los sanos criterios de un perfecto Conocimiento
Espiritual.
Por ello, el Espiritismo, tristemente no se ha podido librar de aquellos
que, integrados en sus filas, han dado un mal ejemplo, buscando otros
fines totalmente distintos a los que moralmente propone, para un mejoramiento
de su vida humana y de su posición espiritual, mezclándose
entre el materialismo ambicioso de un mundo tan pobre como la precaria
evolución de quienes no dan un sincero y auténtico testimonio.
Esos han hecho oídos
sordos a aquello que citaba el Maestro cuando decía: “Dad
al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
El ser humano
vive en su mundo como parte de él, en muchas ocasiones, sin reflexionar
ni meditar a lo largo de su vida sobre que ha de pasar por ella sin
quedarse permanentemente.
Mientras tanto, se obstina en dejar profundas raíces de sangre,
cuando en realidad son pocos y pésimos los caminos trascendentes
que abre y que conducen hacia una meta gloriosa en la espiritualidad
que le conduzca a Dios, que propone, precisamente, el Espiritismo Cristiano.
Por ello, no olvidemos, hermanos, el ejemplo de la lámpara al
que aludí anteriormente, ya que si sabéis profundizar
en él os dará una explicación eficaz y clara del
porqué de todo ello.
No hay que olvidar jamás, que la transformación a la que
todo mortal debe aspirar en el transcurso de su constante progresar,
es una regeneración de todo aquello que se va quedando anticuado
y en desuso cuando, como seres destinados a evolucionar, se van alcanzando
otras metas, otros objetivos, otros conocimientos cada vez más
elevados, complejos, profundos y trascendentes.
Pensad por un momento sobre esta frase del Maestro y deteneos a meditar
en su significado: "No se pueden hacer ropas nuevas con ropas viejas".
Es indudable, queridos hermanos, que cuando deseáis comenzar
una nueva y vital adquisición en vuestra vida, sobre cualquier
fundamento o conocimiento espiritual, os es preciso despojaros de todo
lo anticuado y arcaico que os decía, para adquirir nuevos y renovadores
conceptos con los cuales fundamentar esa transformación.
Para ello, existen tres formas
bien distintas para hacerlo: la Purificación, la Transmutación
y la Regeneración. Veamos que es cada una de ellas:
• La Purificación
es una depuración de todo lo inservible que se va depositando
en el Ser Espiritual al paso por los mundos de orden físico;
como el error, la imperfección, el odio, la maldad, la ignorancia,
etc.
La Purificación Interior en el hombre
tiene la función de clarificar su conciencia, para que se haga
la luz en su entendimiento y pueda llegar a él el auténtico
Conocimiento de la realidad Espiritual.
En una habitación
oscura es necesario, en primer término, encontrar la luz para
poder obtener el conocimiento de todos los objetos, cosas o personas
que puedan encontrar en dicha habitación.
Pues bien, una vez que hemos aprendido de que forma actúa la
purificación en todos seres, veréis claramente que se
empieza por purificarse, después se alcanza la luz y seguidamente
el conocimiento, para después poner en marcha la mecánica
de la transformación. La purificación se realiza a medida
que la transparencia se hace evidente en las formas. Por ejemplo, el
carbón se purifica a través del tiempo transmutando sus
elementos para regenerar sus estructuras y transformarse al final en
el valioso y preciado diamante.
De lo opaco a
lo transparente, de lo vanal a lo valioso. Por eso, gracias a la Ley
de Evolución y Progreso, que es Ley Divina, recordad que algún
día el ser humano llegará también, como el carbón,
a ser tan transparente como lo pueda se el más puro y bello cristal,
cuando su interior y su exterior hallan alcanzado la verdadera reforma,
el cambio absoluto de materia a espíritu.
La luna y el Sol, igual que el carbón y el diamante, nos confirman
como la oscuridad y la luz se conjugan continuamente en el vivir y en
el avanzar de los hombres.
Todos los seres se purifican. En realidad, la esencia de la vida es
buscar la trasparencia de la materia. Pero no sólo me refiero
a la materia física, sino también a la materia de la que
están constituidos los pensamientos y sentimientos humanos, la
materia mental y emocional de cada ser vivo.
Si deseáis llenar el contenido de vuestro interior con un elemento
divino, os será preciso purificaros en primer lugar; si no, si
interiormente estais sucios, llenos de todas las imperfecciones humanas
que embrutecen al Espíritu, todo lo que se vierta en vosotros,
purificado ya de Dios, se ensuciará perdiendo su carácter
y naturaleza sutil.
Para que entendáis bien estas pautas, pensad por un momento cuando
en vuestro hogar bajáis al sótano para poder alojar o
encontrar alguna cosa. Si allí abajo todo está sucio,
desordenado o lleno de trastos y de cosas inservibles, os será
tremendamente complicado poder guardar nada o encontrar aquello que
andáis buscando.
• La Trasmutación significa cambiar o convertir
algo de un estado a otro, y ésta sería la que más
se acerca al sentido que estamos viendo sobre la transformación.
El ser humano, cuando ha alcanzado y conquistado ciertos valores humanos
y espirituales, dentro de su “palmarés” de victorias en este
mundo, los ha de ir transmutando; es decir, cambiando o reformando continuamente
hacia otros estados de orden superior, más elevado, más
supremo ya que ésta es la esencia de todo progreso.
Lo mismo ocurre con el estudiante que una vez aprendida su primera lección
de matemáticas, en su más tierna infancia, ya no la abandona
jamás en el transcurso de sus estudios; sólo que, durante
cada etapa de su instrucción académica, irá sumando
y multiplicando sus iniciales conocimientos a la complejidad de dicha
materia, según sea la capacidad y la inteligencia que vaya desarrollando.
En el origen de la palabra REGENERAR, que es la función más
clara y evidente a la que está sometida esta humanidad actual,
se encuentra el "quid" de la transformación del hombre.
• La Regeneración Humana y Espiritual del planeta,
en estas ultimas décadas resulta de la necesidad de reformar
o mejorar la profunda degradación interna y externa a la que
se somete, diariamente, como consecuencia de su gran y preocupante falta
de espiritualidad.
A través de la Regeneración Espiritual,
esta humanidad del planeta Tierra tiende a restablecer y reconstruir
la depravada y corrompida conciencia que hoy existe, que no observa
ni cumple los valores esenciales de humanidad ni de fraternidad que
ha de haber entre los seres humanos.
Así como también desoir y no obedecer, en su terquedad,
las orientaciones que las Leyes Divinas le impulsan para un mayor y
más rápido progreso; con lo cual, han de intervenir forzosamente
otras Leyes Divinas que son de carácter más drástico,
como la Ley de Causa y Efecto, la Ley de Correspondencia Vibratoria,
la Ley de Vidas sucesivas o Reencarnación, y aquella que más
lo sensibiliza a través de la depuración dolorosa: la
Ley del Karma.
Así es como el estigma de estos tiempos ha sido marcado
en esta Era de Acuario,por el Espiritismo Cristiano, cuando ha determinado
por la voz del Espíritu, que el ser humano necesita de un urgente
cambio de conciencia y actuación.
Este estigma o señal está inscrito bajo el lema de "los
últimos tiempos" o “ los tiempos son llegados”, tan nombrado
y vaticinado milenios atrás por boca de célebres profetas,
que no se cansaron en su empeño por poner una voz de alerta sobre
los futuros acontecimientos que hoy vive el hombre y que podría
evitar si su comportamiento fuese otro bien distinto.
Por eso, mis queridos hermanos, es un tiempo éste donde todo
se reforma. Se procura arreglar todo lo que las guerras destruyen, se
reparan y restauran las malas acciones y conductas, se modifican los
deprimentes comportamientos, se ordenan y rehacen los gobiernos al mismo
paso que fracasan o se corrompen; las ciencias, el arte, la economía,
la política, la religión... Todo sufre una evidente transformación,
dentro de la esperada reforma espiritual, que pondrá todo lo
desajustado en su correcto lugar para ese esperado advenimiento del
siglo XXI y de la anunciada y esperanzadora Era de Paz y de Fraternidad
en nuestro mundo.
Este cambio se produce porque el ser humano está trastocando
la vida de una forma tal, que muy pronto vivir se va a convertir en
una dificultad manifiesta en todos los estadios de la vida del planeta.
¡Hasta para la continuación de la propia vida!, como en
algunas partes del mundo lo está siendo ya una agónica
supervivencia para cualquier ser vivo.
Igual que no se puede permitir que en un cesto una manzana podrida llegue
a descomponer a todas las demás, los Planos elevados de luz,
luchan contra este cáncer destructivo que fomenta la mala conducta
de muchos hombres.
Por eso, queridos hermanos, es tan importante
la unión auténtica en la fraternidad que propone el Espiritismo
y a la que nos hemos de aferrar fuertemente por el sentimiento de Amor
que nos une en estos tiempos.
Sólo lo verdadero, lo que es fiel a ese sentimiento, tenderá
a permanecer firme y unido, tras la gran convulsión interna que
ya se está produciendo en nuestro mundo y en la que no hemos
de decaer jamás.
El Espiritismo Cristiano sugiere y formula una oferta como solución
final a este terrible e insostenible caos de la vida humana, el cambio
conciso y decisivo de la Transformación Espiritual, como única
vía salvable para este caótico tiempo, donde parece ser
que la mayor parte de la transformación que se efectúa
en él es para mal más que para bien.
Una vez comprendida la necesitad y habiendo asimilado también
el concepto de la transformación, no debéis olvidar, queridos
hermanos, que no es posible realizar ningún cambio con éxito
en la vida si no tenéis de vuestro lado los fundamentales ingredientes
de la renuncia o el desprendimiento.
Así, es necesario observar determinadas privaciones en esta vida,
de todo cuanto pueda embrutecer la parte externa de la lámpara;
o sea la conciencia, la inteligencia, el pensamiento, el cuerpo o la
mente del hombre, etc.
Si recordáis aquella célebre frase
de Séneca que decía: “ment sana in corpore sana" os hará
apreciar más el sentido y la necesidad de privarse de ciertas
cosas que, aunque habituales en la sociedad y en la cultura, son totalmente
perjudiciales y nocivas para nuestro Ser Espiritual.
• La Privación viene dada por el principio del
desposeimiento o el acto de despojarse de algo que en particular nos
entorpece espiritualmente.
• La Renuncia, por otro lado, apela al sentimiento del
abandono para desistir o despreciar lo que ya está en uno mismo,
con el fin de querer cambiar o transformar una serie de valores negativos
o anticuados hacia otros, enteramente, positivos y renovadores.
La Renuncia llega de la mano del esfuerzo y del
sacrificio, y ha de prosperar por la fuerza impulsora del tesón
y de la perseverancia, que son fuerzas que estimulan la acción
y el progreso de todo espíritu, como un súbito movimiento
inspirado por un noble sentimiento o un pensamiento iluminado.
La renuncia es un natural producto de la fuerza instintiva del Ser Espiritual,
que actúa cuando es bien dirigido sobre las facultades del hombre
mermando a la naturaleza humana, para sublimar sus impulsos de carácter
espiritual.
En el sentido negativo la dejadez, el hastío,
la desgana y el comodismo frenan este impulso positivo para entorpecer,
en gran medida, a la evolución progresiva del alma, que aspira
interiormente —en su nobleza Divina— hacia metas mucho más elevadas
dentro de la conquista espiritual del acercamiento eterno en la presencia
absoluta de su Creador.
El tesón, que significa buscar y poner en práctica la
firmeza en la constancia, el empeño en perseverar, el ser inflexible
ante cualquier dificultad que se deba afrontar en la vida por muy cruda
o difícil que ésta sea, nos hace avanzar, ayudándonos
a alcanzar las metas deseadas.
La perseverancia, tanto como el tesón, robustece y hace fuerte
al ser humano, aunque no hay que olvidar jamás, que aunque
ser perseverante signifique buscar y conseguir aquellos propósitos
que nos hemos marcado en la vida, hay que evitar caer en lo perjudicial
que resulta la obstinación.
La obstinación se produce
cuando el empeño o la dedicación por preocuparse hacia
algo en los humanos, llega hasta el punto negativo de la terquedad
o la tozudez, que no atiende a razones prudentes ni sensatas.
Por eso, el obstinarse de una forma extremadamente pronunciada hacia
algo, puede acarrear que nos mantengamos en una idea fija que sea
irracional, sin por ello atender a otras razones que puedan orientarnos
y ayudarnos para nuestro sano empeño en conquistar la transformación
integral de nuestro ser y otras ideas de mayor valor o más
correctas.
En ese sentido, el término
de la obstinación está relacionado íntimamente
con la ceguera mental o lo que conocemos como fanatismo; donde el
pensamiento positivo, prudente y razonado se ofusca y se nubla por
la tozudez humana, cohartando a la conciencia del Espíritu
para dirigir la difícil empresa del ser humano en sus diversos
aspectos como el instinto animal, la ignorancia, sus imperfecciones,
su falta de madurez y de conocimiento, etc.
Como derivación más directa de la ciega obstinación
del hombre, se encuentra el fanatismo y en sus diferentes y diversas
expresiones, tales como por ejemplo:
• El Racismo, que
es una tendencia humana —ya sea a nivel político,
social, cultural, geográfico, histórico
o religioso— basada en la exaltación, el arrebato
o la euforia excesiva de la propia raza, y en la discriminación
o el desprecio de todas las demás o en alguna en
particular.
• La Xenofobia que resulta del odio
acérrimo hacia los extranjeros, que se provoca
por una sugestión o estimulación que tiene
sus orígenes en las sociedades y en las culturas.
• El Integrismo Religioso que representa
a aquellas doctrinas que propugnan, a veces con fines
funestos, el mantenimiento íntegro a toda costa
de la tradición de sus religiones, con resultado
de enfrentamientos, odios raciales, pugnas, luchas, muertes
etc.
• El Terrorismo que consiste en
la sucesión de acciones violentas o de derramamiento
de sangre. Una práctica que suele ser propia de
los movimientos revolucionarios con el fin de crear un
clima de terror e inseguridad cuando no son satisfechos
sus obstinados propósitos y tantos otros aspectos
del fanatismo que nos sería aquí largo de
enumerar.
Toda obra, como
lo pueda ser la modelación interna de los mortales,
cuesta el inmenso esfuerzo, que cada uno ha de entregar,
como justo arancel al paso por la frontera de la vida
física, en dirección a la eterna y sublime
vida espiritual.
Pero siempre, mis queridos
hermanos, con la vital lucidez que ha de caracterizar cada esfuerzo
y paso que determinemos dar, en esa difícil pero constante
lucha en el empleo enérgico del alcance de nuestros conocimientos
internos, que tanto hemos atesorado dentro de los ya largos que abrazamos
el Espiritismo Cristiano.
En el ánimo humano
podemos fomentar los más loables intentos para conseguir el
progreso que nos hace mejores en cualquier manifestación o
etapa de nuestra vida.
Para poder profundizar más
aún en lo que representa el ánimo para todo hombre debéis
de pensar que el ánimo constituye el principio de toda actividad
que se lleva a cabo en la vida humana, en la cual forman parte importante
también el valor, la intención o la voluntad de dicho
ánimo.
Como conclusión
final a todo lo expuesto y para poder entender y englobar, como simbólico
ejemplo, todos los conceptos que hemos ido viendo en este estudio, nada
mejor para ello que profundizar en la antigua alquimia, aunque hoy en
día sea ya tan sólo un mito.
La alquimia fue una ciencia, casi mística diría yo, que
reunía todo un cúmulo de experimentos y técnicas,
cultivados en la Edad Media, para encontrar lo que se llamó "la
piedra filosofal", que transmutaba o transformaba cualquier metal en
oro y que era tenido como la panacea universal, ósea, el remedio
de cualquier dolencia o enfermedad y también como el elixir de
la inmortalidad.
Así es fácil formar un paralelismo
entre esa transformación, regeneración o transmutación
que hemos visto con la esencia de la alquimia, ya que en definitiva
se busca, que el Espíritu del hombre sea en definitiva como esa
"piedra filosofal", que simbólicamente todo lo que toque se convierta
en algo productivo y provechoso para su mundo y su evolución
espiritual, dentro del progreso que le es preciso alcanzar, llegando
a convertirse en un ser completamente inmortal.
Algo así como lo que le ocurrió
al famoso Rey Midas.
Pero a parte de todo ésto existen dos elementos que no se pueden
dejar atrás cuando se piensa en una remodelación interior.
Por una parte encontramos que la mente, como facultad
pensante de intercesión entre el hombre y el pensamiento de Dios,
ha de pedir, solicitar, elevar el pensamiento como decía en mismo
Maestro: “Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá.”
Pero a la misma vez podréis apreciar que
el pensamiento, ya sea cuando se ora, se reza o se medita, es posible
que sea débil, que no alcance su alto objetivo, ya que es una
fuerza mental que precisa de una potencia suficiente, como para romper
los planos más inferiores y resonar con fuerza allí donde
la deseéis hacerlo llegar.
Pero estoy seguro, queridos hermanos, que la esencia más importante
no se encuentra completamente en el pensamiento que ora, reza o medita
que para los humanos, es fácilmente perturbable, inestable o
simplemente débil, sino otra cosa que sí podemos llevar
fielmente a cabo y que genera una fuerza extraordinaria y suficiente
como para ser un potente imán, que atraiga o rechace a las diversas
entidades, unas positivas y otras negativas como sabéis, que
constantemente nos rodean e influyen en el hombre.
Este poderoso generador de magnificas fuerzas
es el testimonio, el ejemplo, las acciones que en el hombre realiza
a diario durante su vida y que llegan a representan su valía
o su decadencia.
El Maestro bien nos decía: “Cuando dos o más
se reunan en mi nombre allí estaré yo en medio de ellos.”
Recordad cómo actúa la Ley de Afinidad
que nos dice que los afines se atraen, de palabra, de sentimiento, de
pensamiento y como no, mis queridos hermanos, de obra también.
“Por sus obras los conoceréis”. Respondió
Jesús cuando le preguntaron ¿cómo podían
reconocer a los falsos profetas de los auténticos, en todos los
tiempos?.
Recuerdo una de las comunicaciones espirituales que recogió Allan
Kardec, en una de sus obras, que confirma lo dicho. Según Allan
Kardec, los Espíritus opinaron sobre el tema así:
“Estas
son las respuestas que nos dieron los Espíritus cuando
les dirigimos las siguientes preguntas:
–¿Se puede considerar
que las personas dotadas de fuerza magnética constituyen
una variedad de mediums?
–Responde el Espíritu
–Podéis estar seguro de ello–.
–Sin embargo, el médium
–vuelve a preguntar Kardec– es un intermediario entre los
Espíritus y el hombre; en cambio el magnetizador, al
sacar su fuerza de sí mismo, no parece que sea el intermediario
de ninguna fuerza extraña.
–Estáis en un
error –contesta–. La fuerza magnética reside sin duda
alguna en el hombre, pero se halla aumentada por la acción
de los Espíritus que invoca para ayudarle. Si por ejemplo,
magnetizas para curar e invocas un buen espíritu, que
se interesa por ti y por tu enfermo, aumenta tu fuerza y tu
voluntad, dirige tu fluido y le das las cualidades necesarias.
–Pregunta de nuevo–
Pero hay magnetizadores muy buenos que no creen en los Espíritus.
–¿Piensas de
verdad que los Espíritus sólo actúan
sobre los que creen en ellos?. Los que magnetizan para hacer
el bien les invocan sin darse cuenta, de la misma forma que
si desea el mal y está guiado por malas intenciones
invoca a los malos espíritus".
Yo considero,
hermanos, que un sentimiento puede mover a un hombre, un ideal puede
mover a toda una nación, una religión puede mover a toda
una raza, pero, queridos hermanos, sólo una verdadera trasformación
puede mover a toda la humanidad. Pesemos detenidamente en ello.
Os deseo Paz, Amor y Progreso.
Hermano Francisco
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