Todos los seres
sin excepción están sometidos a la muerte y a la Reencarnación,
teniendo esta unas características especiales en la clase social
de los lamas, pues cuando estos están plenamente realizados
pueden, según los propios tibetanos, elegir las circunstancias
de su próxima encarnación, incluso el lugar exacto donde
ha de efectuarse. En estos cabe la posibilidad de que lo que se reencarna
pueda hacerlo en dos o tres cuerpos. Por ejemplo, el espíritu
o principio vital en un cuerpo, el alma en otro, y la palabra en un
tercero. Este caso queda bien reflejado en la conocida y famosa película
de Bernanrdo bertoluchi, “Pequeño Buda”.
En el caso de que la muerte les sorprenda
sin acabar la misión encomendada en la presente vida, en la
inmediata habrán de hacerlo para completarla, de ahí,
la importante labor de ciertos monjes —Karmapas— en buscar y descubrir
a la presunta criatura en la que el lama ha encarnado para devolverla
a su monasterio, educarla y hacer que recupere la personalidad que
perdió con la muerte.
Estos casos concretos a los cuales se les
llama Tulkus (Budas vivientes), al contrario de como expusimos anteriormente,
encarnan en su totalidad en un solo cuerpo del que se valdrán
para acabar la misión cifrada como meta.
Sin olvidar el caso del niño español
nacido en las Alpujarras granadinas y que en su día hizo correr
verdaderos ríos de tinta, al ser descubierto como la reencarnación
de un alto lama llamado Yeshe, quien antes de dejar su existencia
en los Estados Unidos, declaró de que se volvería a
encarnar en un lugar del sur de España. Ossel Carmona, reconocido
por el Dalay Lama como tal, fue instaurado como abad del templo que
erigiera en su anterior encarnación.
Todos los seres humanos, absolutamente todos,
tienen su oportunidad; pues si hay algo que de verdad los iguale,
además del nacimiento y la muerte, es el estar regidos por
unas leyes extraordinarias bajo las cuales Dios dispuso el progreso
evolutivo de toda su creación.
Por lo tanto, no debe de importar la condición
física de cada ser, aunque ésta merme sus facultades,
para esforzarse al máximo en crecer espiritualmente, ya que
hemos de pensar que somos en la actualidad el resultado de lo que
fuimos en el ayer y mañana seremos todo lo bueno o lo malo
que logremos conseguir en el día a día de la presente
vida. Por algo somos siempre el fruto de nuestras propias siembras,
hechas bajo el responsable e intransferible libre albedrío.
Dejamos aquí el presente capítulo,
invitándoos a una profunda reflexión como hicimos al
principio de esta sección, sin olvidar que cada momento de
esta presente vida puede ser esencial para abrir una nueva puerta
en nuestra mente y en nuestro corazón a ese conocimiento espiritual
tan necesario para el progreso evolutivo de cada ser humano. Recordemos
siempre las palabras del Maestro Jesús: “ Pedid y se os
dará, llamad y se os abrirá”.
El Budismo esta basado principalmente en las
enseñanzas de los Upanishads y en las del Príncipe Siddhartha
Gautama, que cambió el boato y el lujo de un palacio y una
vida de ensueño material por la búsqueda de su propia
paz interna. Siendo llamado después Buda (El Iluminado), se
dice que vivió 550 vidas anteriores a lo largo de veinticinco
mil años. En su doctrina, El Karma y la Reencarnación
configuran el sentido de la vida humana dando explicación a
todas las desigualdades de la misma.
La causa de todos los males reside en el egoísmo,
al que hay que tratar de erradicar a toda costa. Para ello hay que
seguir el Camino de los Ocho Pasos, que son los siguientes: cultivar
y correctamente el juicio, la intención, el lenguaje, la conducta,
el medio de vida, la voluntad, el autoexamen y la concentración,
a la cual se llega a través de distintas técnicas, entre
ellas el yoga.
Por lo tanto, quien observa en su vida
dichos pasos ha de verse liberado por siempre del fardo kármico.
Bardo Thôdol significa el libro cuya
lectura o audición libera del Bardo. Con este término
designan los tibetanos el estado intermedio, la esencia vital de cada
individuo desde el instante mismo de la muerte hasta la próxima
encarnación. Según expresa Alexandra David-Neel, si
este aliento vital en vez de salir por la cúspide del cráneo,
lo hace por otros orificios distintos —boca o ano—, la siguiente reencarnación
será mala. Para evitarlo el bardo aconseja:
“Conserva firmemente a tu espíritu lúcido…
Rechazando cualquier conciencia en un “ego”,
cualquier ligazón a tu ilusoria personalidad,
disuelve tu no-ser en el Ser y queda liberado”.
El budismo tibetano, cada día más
conocido y popular, ha traspasado las fronteras occidentales, encontrando
muchos adeptos a través de los múltiples viajes del
actual Dalay Lama, premio Novel de la Paz, de actores tan famosos
que han abrazado su doctrina como Richar Gere, de libros como Siete
años el en Tíbet, recientemente llevado con éxito
al cine, donde su autor, Heinrich Harrer, miembro de las SS durante
la Segunda Guerra Mundial, cuenta su estancia durante ese periodo
de tiempo en el llamado “techo del mundo”, así como
la amistad y relación con el Dalay Lama actual durante su juventud.
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