En las profundidades de uno mismo

5 de agosto de 2001

Cuando los humanos intentan expresar todo cuanto llevan en su interior, en lo referente a lo espiritual, se encuentran con distintos obstáculos algunos de ellos insalvables. El escollo principal con el que a menudo se encuentran es uno mismo y el modo por medio del cual surge esa manifestación, es decir, al no tener paz, sosiego y armonía interior todo cuanto surge de su ser es confuso, extraño y sobre todo muy poco constante.
Hace poco uno de vosotros me preguntaba de donde sacaba la información que plasmo en mis discursos todos los domingos. Seguramente este hermano me imaginaba todos los días consultando libros, trabajos, etc. para poder confeccionarlos.

Pero la verdad es otra muy distinta. Se podría decir que me consulto a mi mismo, porque el conocimiento espiritual me ha llegado a mostrar que soy, como todos vosotros, un campo fértil donde sembrar y cosechar si uno es perseverante. Si son buenos frutos, porque mi intención es nutriros, crecerá sabiduría, pero si os quisiera engañar, recolectaría mentiras y falsedades.


Esta es una verdad fácil de descubrir. Todos trabajáis mucho en vuestro quehaceres cotidianos, en vuestro puesto laboral o con los hijos, es decir, cualquiera de vosotros tiene actitudes para buscar. Sólo es cuestión de buscar en el lugar adecuado teniendo la misma perseverancia que en los otros campos donde también os esforzáis.

La mediumnidad ha sido para mi la herramienta más preciada con la que el Señor podía haberme otorgado en la presente existencia ¿Y sabéis porqué? Pues porque lejos de convertirme en un sujeto pasivo, estático o sendentario, que se pasa el día escribiendo lo que otros le dictan, me ha enseñado el camino de mi propio interior. No es que menosprecie a quienes desarrollan su facultad de este modo, pero os puedo asegurar que he visto a muchos mediums pasarse la vida siendo meros instrumen
tos sin desarrollarse ellos mismos. Piensan que con pasar la información es suficiente sin embargo es preciso hacer algo más importante.

No sólo intentar practicar aquello que te trasmiten sino además evolucionar en el ámbito personal.
Tampoco quito el mérito a ser un mero transmisor de cuanto los seres desencarnados manifiesten a través de un médium de estas características. Todo los sensitivos cumplimos esta función. Sin embargo es preciso tomar otra actitud más allá de la un mero "escuchador" de las sabias enseñanzas que todo médium pueda recibir.
Esto lo descubrí en el proceso de auto inducción al trance. Al principio no sabía como hacerlo. No tenía ninguna orientación ni referencia, sólo había visto como vosotros a nuestro Hermano Pedro cuando caía en trance, pero aquella experiencia era totalmente nueva y extraña a la vez para mi.

Así que me puse a meditar sobre el asunto y me di cuenta que ser médium y desarrollar esta importante facultad, implica una anulación absoluta de la persona en el momento de producirse el trance y una dedicación extremadamente intensa. Es decir, es preciso aprender a no ser uno mismo, a liberar la mente, eludir las preocupaciones, el dolor, los deseos, vaciarse interiormente... Hasta el momento en el cual la anulación interna llega a ser del todo completa y en ese instante los seres desencarnados se encuentran posibilitados para poder expresarse con claridad tal cual son y el médium recibe una gran fuente de conocimiento y sabiduría.
Hasta entonces los seres desencarnados tan sólo le trasmiten diversas sensaciones. Por eso, como la inmensa mayoría, también pasé por esta fase en la cual durante más de 10 años mi mediumnidad se centraba en sentir, ver, oír... las manifestaciones del mundo espiritual.

Buceando en los recuerdos de mi infancia me acordé de cuando aprendí a nadar.
¿Sabéis cómo aprendí? Lo cierto es que fue a una edad ya tardía con respecto a muchos de mis amigos, a la edad de 7 u 8 años. Y fue así porque desde muy niño tenía un miedo atroz a las profundidades del mar y todavía hoy sigo teniéndoles respeto. Son reminiscencias de mi pasado con respecto al mar.
Mi iniciación fue un tanto curiosa. Todos mis amigos de mi misma edad, ya sabían nadar y yo todavía no. Hecho este que me avergonzaba. Así que inventé un método para simular que era un consumado nadador. Buscaba un lugar donde pudiera tocar con los brazos el fondo y nadaba tocando con mis manos el suelo en cada brazada. De este modo seguía confiado de que el fondo estaba ahí aunque mis pies no lo tocasen.
Cuando veía que aumentaba la profundidad y rozaba el fondo con las puntas de los dedos daba media vuelta a una zona menos profunda. Era incapaz de nadar de otro modo, pensaba que en cualquier momento me hundiría hacia el fondo.

Pero un día sucedió algo y lo cambió todo. Estaba con un amigo en el agua y se dio cuenta del truco. En seguida se burló de mi. Aquello me enfureció conmigo mismo. Pensaba que era preciso superar aquel miedo irracional, nadar libremente, no podía permanecer sujeto a mis temores y perderme la placentera experiencia de nadar con libertad por donde quisiera.
Además había algo en mi interior en mi forma de ser que siempre me impulsaba diciendo: "si el es capaz de hacerlo yo también".

Estaba absorto en estos pensamientos y nadando a la vez, a mi modo claro está, cuando de repente me di cuenta que llevaba un buen rato nadando sin que mis manos tocasen el fondo.
De repente cuando me di cuenta de la situación inmediatamente volvió el miedo y busqué desesperado el fondo. En seguida pensé ¿Cómo es posible que durante este momento no halla sentido miedo y he podido nadar de verdad y al darme cuenta de la situación halla vuelto de nuevo?

Probé otra vez a nadar bien y nada el miedo seguía ahí y me impedía hacerlo, me era preciso tocar el fondo. Nuevamente lo intenté con igual resultado. Así una y otra vez hasta el momento en el cual recordé como lo había hecho y lo intenté liberando mi mente de todo temor. Y entonces ¡eureka!
A partir de aquel día no sólo aprendí a nadar bien sino que además dediqué unos años al buceo descubriendo en el fondo marino los paisajes más maravillosos y extraordinarios.

Hasta entonces había visto los peces en un acuario, en la televisión o ya expuestos en la pescadería. Sin embargo ahora los estaba viendo en su propio medio tal cual son. Era extraordinario. Pasaba horas yendo de la superficie al fondo deleitándome con los corales, anémonas, pulpos, peces, crustáceos, era un espectáculo de vida y de color fantástico. También en algunas zonas descubrí otros elementos menos agradables: la contaminación.
Cuando me adentré en los complejos caminos de la mediumnidad me fue preciso recurrir a todo el bagaje recogido desde niño y extraer de él un valioso contenido.

Dice un dicho popular: "Quien tiene un amigo tiene un tesoro" yo os puedo asegurar que "Quien tiene un maestro tiene todos los tesoros", porque puede acceder a todas las cuestiones, desvelar todos los enigmas, saciar todos los conocimientos, anular todas las dudas, erradicar todos los miedos.
Yo no tuve un instructor en el desarrollo de mi mediumnidad por eso me fue preciso desde muy niño buscar profundamente dentro de mi para ver de que medios disponía.

Al principio la inseguridad, la indecisión, producía en mi ser miedo, temor y me impedía profundizar.
Y me acordé de esta anécdota que os he contado, cuando aprendí a nadar. Pensé, bien cuando era niño me atemorizaba el fondo del mar porque pensaba que allí podría haber algún animal que me hiciese daño o por la oscuridad que se aprecia. Pero una vez superado el miedo al bajar a las profundidades del mar me deslumbraron sus bellezas, su vida, la sabiduría de la naturaleza bajo el mismo océano.

Merecía la pena probar, con respecto a la mediumnidad y así fue. Y me di cuenta de que allí abajo habían innumerables cosas sumamente valiosas. Experiencias, reflexiones, el sabio bagaje que todo mortal lleva dentro de sí mismo por el curso natural de sus muchas vidas anteriores. Era como una biblioteca, repleta de conocimientos de diversas materias. También había un cajón desastre donde igual que el fondo marino, contaminaban todo aquello, defectos, imperfecciones, etc.

Por eso os advierto muchas veces sobre el tema de las regresiones a vidas pasadas... muchos encuentran en ese cajón desastre experiencias vividas con anterioridad poco afortunadas y traumáticas que son mejor no conocer.
Así que cuando me es preciso escribir o hablar de algo me pongo mis gafas de buceo, mis aletas y bajo hasta las profundidades de mi océano particular.

Es sencillo siempre y cuando no se tenga miedo o halla algo obstaculizando el camino. Pero para eso sirve la meditación y una vida dedicada constantemente a la espiritualidad.
Muchos intentan esta estrategia pero no obtienen resultados positivos. Y a veces no es por el miedo sino por otros motivos.

Dirán yo no tengo miedo, ya lo he superado, pero cuando intento profundizar me siento muy confuso, no consigo una claridad mental.
Esto sucede porque no han comprendido todavía la importancia del como bajar. Todo el mundo puede aprender a nadar y convertirse en un consumado buceador. No es tan complicado. Pero no todo el mundo se encuentra en condiciones optimas para hacerlo en cualquier momento.

Fijaos también como muchos sabios en la historia encontraron la vía del conocimiento. Newton estaba sentado debajo de un manzano y viendo caer un fruto comprendió una de las grandes leyes del universo.
Arquímedes al sumergirse en una bañera repleta de agua y desbordase porque estaba muy llena comprendió el famoso principio sobre los cuerpos flotantes, que lleva su nombre. Dijo aquella famosa expresión ¡Eureka!, que en griego significa lo encontré.

No es una coincidencia, ni una casualidad, es la consecuencia de una búsqueda interior a la cual se suman aquellos seres desencarnados que nos observan y guían en ese camino de conocimiento sobre nosotros mismos y el medio que nos rodea, con el fin de iluminarnos.
Descender a las profundidades de uno mismo implica hacerlo con serenidad de alma, quietud mental y paz interior.
Recordar cuando os explicaba el momento de soltar mis manos del fondo del mar. Mi mente no sólo había apartado todo temor sino además estaba en paz, serena.

Muchas personas interiormente se encuentran agitadas. Aún cuando veis su semblante aparentemente sereno, por dentro son verdaderos terremotos, auténticos volcanes en erupción cuya lava pensante e incandescente es capaz de arrasarlo todo.
Se pasan los años construyendo una gran cantidad de obras dentro de ellos para que un buen día el volcán explota y se quedan sin nada.

Son como muchos imprudentes que viven al lado de un volcán, de una falla geológica, etc. tarde o temprano la naturaleza se despierta y causa, como era de esperar, verdaderos estragos.
A todos os ha sucedido alguna vez que en una situación delicada o cuando habéis hablado en público habéis mantenido el tipo. Aparentemente estabais tranquilos, serenos sin embargo por dentro todo era un caos de nervios, tensiones, miedos.

Y es que el ser humano cuando no tiene paz se convulsiona en sus adentros más profundos. Es como si el alma, el espíritu, el corazón, la mente y el cuerpo fuesen cada uno un líquido agitado con vigor en una coctelera para hacer una bebida.
Sí, están todos ahí dentro pero ¿en qué estado? Mezclados porque han sido agitados violentamente y todo se convierte entonces en un caos como en la guerra.
Cuando alguien se enamora la fuerza del amor le hace cambiar notablemente. De repente se vuelve más ordenado, más educado, expresa sus sentimientos, su inteligencia... muestra a la persona amada todo cuanto lleva dentro como si de un escaparate se tratase. Bueno casi todo.
Le dice a su amada: "te entrego mi corazón", "soy así de inteligente" o "tengo tal o cual virtud". Pero cuando esta fuerza pasa a través de los años la visión del amor y de quienes antes tanto se amaban, cambia como por arte de magia.

Y los humanos vuelven entonces a su caos convulsivo original donde ya nada permanece en su sitio. Ya no dicen te entrego mi corazón porque Dios sabe donde se encontrará, ni soy así de inteligente porque el aburrimiento y la rutina la ha desperdigado por cualquier lugar y las virtudes de las que antes tanto se regodeaban mejor ni hablar.
Buscar dentro de uno mismo requiere una buena dosis de destreza en la observación y nitidez mental. Observar con objetividad es fundamental para encontrar algo importante en la vida.
Recuerdo en la marina uno de los destinos en los que se podía optar: era el de serviola. El serviola es un vigilante encargado de observar a los barcos para identificarlos. No ha de tener ninguna facultad visual específica ni extraordinaria, sólo familiarizarse con las siluetas de los distintos barcos.

Era curioso porque cuando hacíamos pruebas con un serviola y mirábamos a través de los prismáticos el horizonte, los neófitos únicamente veíamos una mancha oscura a lo lejos. Sí aquello podía ser un barco quizá ¿pero de qué tipo?
Si no se identificaba bien imaginaos la catástrofe podía ser uno de los nuestros o un barco lleno de civiles.
Sin embargo el serviola identificaba con rapidez aquella simple mancha oscura. Un dragaminas, un acorazado, un destructor, un carguero...

El ejemplo del serviola nos sirve para reflexionar en la facultad de búsqueda del ser humano. Si convertimos la búsqueda interior como una destreza, como un arte o una facultad conseguiremos ir y venir de las profundidades de uno mismo con suma rapidez y ligereza.

Es frecuente ver entre los humanos un cierto desaliento en algunos momentos de su vida. Incluso os diría en aquellos imbuidos y creyentes en una fe particular.
Desaliento, soledad, tristeza, vacío. ¿Qué son estas manifestaciones en realidad? Todo esto no son más que ruidos producidos en el interior. Síntomas, indicios capaces de definir y perfilar un estado, una actitud.
¿Porqué se producen? Podría decirse que fundamentalmente por la falta o el exceso de algo en el ámbito de lo humano.

Veréis cuando una planta no está bien cuidada y tiene algún tipo de carencia apreciamos una serie de síntomas muy determinados. Si se pone amarillenta puede sufrir una clorosis férrica y añadiéndole un poco de hierro al agua se solventa el problema. Los humanos son asimismo seres vivos y cuando algo no va bien, inmediatamente su maquinaria interna reproduce toda una serie de ruidos. Estos sonidos se convierten en síntomas claros y visibles por todo el mundo.

Mi trabajo como orientador se basa en el estudio de la personalidad humana. No precisamente como un psicólogo o un psiquiatra, pero sí como un analista del género, en su faceta humano-espiritual.
Por eso he visto desde hace muchos años demasiadas veces estos síntomas como para no meditar sobre ellos y pedir a lo Alto una respuesta y una orientación para saber qué hacer al respecto.

El estudio de mis indagaciones al respecto fueron simples. Ese desaliento, esa soledad, esa tristeza son producto de su actitud frente a la vida. Indudablemente muchos humanos se sienten así por otras muchas razones y muy distintas. Han pasado una guerra, una tragedia, etc. Pero no son este tipo de personas a las que me refiero. Sino a aquellas que viviendo una vida normal acaban igual o peor.

Como os decía el problema radica en su actitud, en cómo enfocan la vida, en sus aspiraciones. Olvidan que todos tenemos una karma particular e intransferible aceptado por cada uno antes de nacer. Por eso cuando se apartan de él y reciben las fatales consecuencias contrarias a sus aspiraciones, en forma de adversidades obstáculos y dificultades en la vida, surge entonces el desanimo, la angustia, el vacío la desesperación.
La humanidad debe de asumir al hombre como algo más de todo cuanto le rodea. Algo más profundo, más espiritual, eterno.

Si deposita sus sueños en casarse y ser feliz y esto no llega o no se alcanza o el resultado es totalmente al contrario de lo que se esperaba, se hunden, se les acaba el mundo, sus sueños se convierten en pesadillas, su ilusión en amargura, soledad, vacío, etc.
Piensan que ya nadie les van a querer, que no van a conseguir nada en la vida y se encuentran incompletos, anulados, porque depositan su felicidad en manos de otra circunstancia, de otra persona.
Sabéis porqué en el Astral no existe el compromiso del matrimonio, pues porque Dios impregna a sus hijos de un amor tan inmenso que los seres no precisan unirse para ser felices como los humanos. A eso aspira la humanidad en un futuro a sentir la fuerza divina tan intensa en su interior para que Dios les colme de grandeza y no se sientan inferiores, incompletos, vacíos si no hallan algo o alguien más.

Si depositan sus sueños en tener un buen trabajo donde sentirse realizados, útiles, bien pagados, tratados con respecto y el resultado es al contrario, no les gusta lo que hacen, es un trabajo rutinario, mal pagado y son maltratados por el jefe, los empleados o por los clientes, vuelven a hundirse irremisiblemente.
Si depositan sus sueños en tener unos hijos inteligentes, destacados en alguna rama profesional y son malos estudiantes que terminan por servir mesas en un bar, más de lo mismo.

Es preciso aceptar la vida tal cual es. No pretendo evitar, mis queridos hermanos, que cada uno se forme en su mente unas metas, unos sueños. Al contrario, es preciso vivir con entusiasmo y con sueños. Pero jamás se debe de vivir del entusiasmo y de los sueños. Porque la vida nos muestra otra realidad muy distinta y cuando estos se acaban, no llegan o salen al revés de cómo los hemos planteados ¿qué sucede entonces?
Vosotros todos sois iniciados en el camino espiritual desde hace mucho tiempo. La diferencia entre quienes ignoran todo cuanto sabéis es un abismo inmenso. El conocimiento espiritual hace consciente al ser humano de aquello a aceptar, rechazar, asumir, sacrificarse o defender.

Esta es una verdad tan antigua como el hombre mismo. Incluso en las escrituras más antiguas se refleja. En los evangelios Jesús decía a sus discípulos: "Por tanto os digo: No afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido?

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan, pero os digo, que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
Y si la hierba del campo que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos o qué beberemos o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas.
Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán".

Hace unos días una joven hermana de la Comunidad contaba haber dejado tiempo atrás una relación sentimental por que el chico, a las dos semanas, le había dado a elegir entre seguir con él o seguir en la Comunidad.
Otro hermano, hace mucho tiempo, siendo miembro de nuestra Comunidad encontró pareja. Ella al principio aceptaba de buen grado que él asistiera, incluso ella también le acompañaba. Pues bien una vez casados ella le prohibió seguir asistiendo bajo una serie de amenazas y al final abandonó.

El amor tiene muchas caras y facetas, por ello es preciso afrontarlas con serenidad, templanza y sensatez. Sino cuando aparecen los desengaños ¿qué sucede? Pues el mundo se nos viene encima.
Las relaciones humanas, ya sean sentimentales, laborales, familiares, etc. deben de estar solidamente cimentadas sobre bases y principios maduros, creados de la mano de la inteligencia y la sensatez. De lo contrario estas relaciones no harán más que sumarse a la larga lista de fracasados y amargados de la sociedad actual.
Lo cierto es que sin estos fundamentos las relaciones humanas se convierten en un edificio mal construido. Tarde o temprano hay algo que se desmorona y termina por hundirse. Todo él se os cae encima y de hay el dicho de: "Se me cae el mundo encima".

Este será también un problema de situación. El ser humano ha de evitar quedar sepultado por las adversidades de la vida. Su situación estratégica en ella es fundamental para permanecer estable, fortalecido. Debe de situarse por encima de las circunstancias de la vida en una posición elevada.

¿Recordáis como los españoles conquistaron América? Es cierto que los soldados españoles estaban acostumbrados a un tipo de guerra muy distinta a la de los nativos. Tenían armaduras, cañones, pólvora, armas de fuego... Pero sobre todo caballos. Los indígenas quedaron paralizados al ver hombres sobre unos animales jamás vistos.
Creyeron ver incluso una nueva especie de ser mitológico semejante al centauro o al minotauro de la mitología griega.
Fijaos, queridos hermanos todos, como fue este impacto que miles de nativos murieron sin saber como defenderse frente a semejantes seres.

Dejemos a un lado la historia y quedémonos con su esencia. El hombre posee muchas herramientas internas en su vida para afrontar las adversidades y dificultades. Igual que los antiguos conquistadores españoles armaduras, cañones, pólvora, armas de fuego... pero sino montamos sobre un caballo y afronta los combates de la existencia carnal puede fracasar muchas veces.

El éxito consiste entonces en ver la vida desde un punto elevado, más espiritual, menos carnal y materialista. Así los enemigos del ser humano quedarán en inferioridad de condiciones.
Para terminar he aquí una historia que nos deja una profunda reflexión:
Una vez un cuervo se posó en el borde de un pozo a descansar. De repente oyó una voz desde el fondo.
-Hola cuervo, dijo la voz.
-¿Quién eres? Preguntó inquieto el cuervo.
-Soy una rana, respondió.
-Y ¿porqué no subes hasta el borde del pozo? Aquí hay una vista magnífica.
-Bueno, contestó la rana, estoy muy fresca aquí abajo. Tengo comida, agua, no me daña el sol.
-En fin tu te lo pierdes -dijo el cuervo. Aquí arriba en el cielo hay un mundo maravilloso, extraordinario.
-Que va -dijo la rana-. No me apetece para nada, subir hasta ahí arriba. ¿Para que iba a dejar mi hogar, por un cielo que es tan pequeño como la boca de un pozo?

Moraleja: No todo en la vida es tal y como lo vemos o nos lo imaginamos. El trabajo del ser humano se encuentra en la profundización de uno mismo y de todo cuanto le rodea para descubrir el verdadero significado de todo cuanto se encuentra dentro y fuera de él.
Si no la dimensión del hombre y de su mundo la veremos tan estrecha y angosta como la boca de un pozo.
Os deseo a todos Paz, amor y progreso.


Hermano Francisco.