|
5 de agosto de 2001 Cuando
los humanos intentan expresar todo cuanto llevan en
su interior, en lo referente a lo espiritual, se encuentran
con distintos obstáculos algunos de ellos insalvables.
El escollo principal con el que a menudo se encuentran
es uno mismo y el modo por medio del cual surge esa
manifestación, es decir, al no tener paz, sosiego
y armonía interior todo cuanto surge de su ser
es confuso, extraño y sobre todo muy poco constante.
No sólo intentar practicar
aquello que te trasmiten sino además evolucionar
en el ámbito personal. Así que me puse a meditar
sobre el asunto y me di cuenta que ser médium
y desarrollar esta importante facultad, implica una
anulación absoluta de la persona en el momento
de producirse el trance y una dedicación extremadamente
intensa. Es decir, es preciso aprender a no ser uno
mismo, a liberar la mente, eludir las preocupaciones,
el dolor, los deseos, vaciarse interiormente... Hasta
el momento en el cual la anulación interna llega
a ser del todo completa y en ese instante los seres
desencarnados se encuentran posibilitados para poder
expresarse con claridad tal cual son y el médium
recibe una gran fuente de conocimiento y sabiduría. Buceando en los recuerdos de
mi infancia me acordé de cuando aprendí
a nadar. Pero un día sucedió
algo y lo cambió todo. Estaba con un amigo en
el agua y se dio cuenta del truco. En seguida se burló
de mi. Aquello me enfureció conmigo mismo. Pensaba
que era preciso superar aquel miedo irracional, nadar
libremente, no podía permanecer sujeto a mis
temores y perderme la placentera experiencia de nadar
con libertad por donde quisiera. Estaba absorto en estos pensamientos
y nadando a la vez, a mi modo claro está, cuando
de repente me di cuenta que llevaba un buen rato nadando
sin que mis manos tocasen el fondo. Probé otra vez a nadar
bien y nada el miedo seguía ahí y me impedía
hacerlo, me era preciso tocar el fondo. Nuevamente lo
intenté con igual resultado. Así una y
otra vez hasta el momento en el cual recordé
como lo había hecho y lo intenté liberando
mi mente de todo temor. Y entonces ¡eureka! Hasta entonces había visto
los peces en un acuario, en la televisión o ya
expuestos en la pescadería. Sin embargo ahora
los estaba viendo en su propio medio tal cual son. Era
extraordinario. Pasaba horas yendo de la superficie
al fondo deleitándome con los corales, anémonas,
pulpos, peces, crustáceos, era un espectáculo
de vida y de color fantástico. También
en algunas zonas descubrí otros elementos menos
agradables: la contaminación. Dice un dicho popular: "Quien
tiene un amigo tiene un tesoro" yo os puedo asegurar
que "Quien tiene un maestro tiene todos los tesoros",
porque puede acceder a todas las cuestiones, desvelar
todos los enigmas, saciar todos los conocimientos, anular
todas las dudas, erradicar todos los miedos. Al principio la inseguridad,
la indecisión, producía en mi ser miedo,
temor y me impedía profundizar. Merecía la pena probar,
con respecto a la mediumnidad y así fue. Y me
di cuenta de que allí abajo habían innumerables
cosas sumamente valiosas. Experiencias, reflexiones,
el sabio bagaje que todo mortal lleva dentro de sí
mismo por el curso natural de sus muchas vidas anteriores.
Era como una biblioteca, repleta de conocimientos de
diversas materias. También había un cajón
desastre donde igual que el fondo marino, contaminaban
todo aquello, defectos, imperfecciones, etc. Por eso os advierto muchas veces
sobre el tema de las regresiones a vidas pasadas...
muchos encuentran en ese cajón desastre experiencias
vividas con anterioridad poco afortunadas y traumáticas
que son mejor no conocer. Es sencillo siempre y cuando
no se tenga miedo o halla algo obstaculizando el camino.
Pero para eso sirve la meditación y una vida
dedicada constantemente a la espiritualidad. Dirán yo no tengo miedo,
ya lo he superado, pero cuando intento profundizar me
siento muy confuso, no consigo una claridad mental. Fijaos también como muchos
sabios en la historia encontraron la vía del
conocimiento. Newton estaba sentado debajo de un manzano
y viendo caer un fruto comprendió una de las
grandes leyes del universo. No es una coincidencia, ni una
casualidad, es la consecuencia de una búsqueda
interior a la cual se suman aquellos seres desencarnados
que nos observan y guían en ese camino de conocimiento
sobre nosotros mismos y el medio que nos rodea, con
el fin de iluminarnos. Muchas personas interiormente
se encuentran agitadas. Aún cuando veis su semblante
aparentemente sereno, por dentro son verdaderos terremotos,
auténticos volcanes en erupción cuya lava
pensante e incandescente es capaz de arrasarlo todo. Son como muchos imprudentes que
viven al lado de un volcán, de una falla geológica,
etc. tarde o temprano la naturaleza se despierta y causa,
como era de esperar, verdaderos estragos. Y es que el ser humano cuando
no tiene paz se convulsiona en sus adentros más
profundos. Es como si el alma, el espíritu, el
corazón, la mente y el cuerpo fuesen cada uno
un líquido agitado con vigor en una coctelera
para hacer una bebida. Y los humanos vuelven entonces
a su caos convulsivo original donde ya nada permanece
en su sitio. Ya no dicen te entrego mi corazón
porque Dios sabe donde se encontrará, ni soy
así de inteligente porque el aburrimiento y la
rutina la ha desperdigado por cualquier lugar y las
virtudes de las que antes tanto se regodeaban mejor
ni hablar. Era curioso porque cuando hacíamos
pruebas con un serviola y mirábamos a través
de los prismáticos el horizonte, los neófitos
únicamente veíamos una mancha oscura a
lo lejos. Sí aquello podía ser un barco
quizá ¿pero de qué tipo? El ejemplo del serviola nos sirve
para reflexionar en la facultad de búsqueda del
ser humano. Si convertimos la búsqueda interior
como una destreza, como un arte o una facultad conseguiremos
ir y venir de las profundidades de uno mismo con suma
rapidez y ligereza. Es frecuente ver entre los humanos
un cierto desaliento en algunos momentos de su vida.
Incluso os diría en aquellos imbuidos y creyentes
en una fe particular. Veréis cuando una planta
no está bien cuidada y tiene algún tipo
de carencia apreciamos una serie de síntomas
muy determinados. Si se pone amarillenta puede sufrir
una clorosis férrica y añadiéndole
un poco de hierro al agua se solventa el problema. Los
humanos son asimismo seres vivos y cuando algo no va
bien, inmediatamente su maquinaria interna reproduce
toda una serie de ruidos. Estos sonidos se convierten
en síntomas claros y visibles por todo el mundo. Mi trabajo como orientador se
basa en el estudio de la personalidad humana. No precisamente
como un psicólogo o un psiquiatra, pero sí
como un analista del género, en su faceta humano-espiritual. El estudio de mis indagaciones
al respecto fueron simples. Ese desaliento, esa soledad,
esa tristeza son producto de su actitud frente a la
vida. Indudablemente muchos humanos se sienten así
por otras muchas razones y muy distintas. Han pasado
una guerra, una tragedia, etc. Pero no son este tipo
de personas a las que me refiero. Sino a aquellas que
viviendo una vida normal acaban igual o peor. Como os decía el problema
radica en su actitud, en cómo enfocan la vida,
en sus aspiraciones. Olvidan que todos tenemos una karma
particular e intransferible aceptado por cada uno antes
de nacer. Por eso cuando se apartan de él y reciben
las fatales consecuencias contrarias a sus aspiraciones,
en forma de adversidades obstáculos y dificultades
en la vida, surge entonces el desanimo, la angustia,
el vacío la desesperación. Si deposita sus sueños
en casarse y ser feliz y esto no llega o no se alcanza
o el resultado es totalmente al contrario de lo que
se esperaba, se hunden, se les acaba el mundo, sus sueños
se convierten en pesadillas, su ilusión en amargura,
soledad, vacío, etc. Si depositan sus sueños
en tener un buen trabajo donde sentirse realizados,
útiles, bien pagados, tratados con respecto y
el resultado es al contrario, no les gusta lo que hacen,
es un trabajo rutinario, mal pagado y son maltratados
por el jefe, los empleados o por los clientes, vuelven
a hundirse irremisiblemente. Es preciso aceptar la vida tal
cual es. No pretendo evitar, mis queridos hermanos,
que cada uno se forme en su mente unas metas, unos sueños.
Al contrario, es preciso vivir con entusiasmo y con
sueños. Pero jamás se debe de vivir del
entusiasmo y de los sueños. Porque la vida nos
muestra otra realidad muy distinta y cuando estos se
acaban, no llegan o salen al revés de cómo
los hemos planteados ¿qué sucede entonces? Esta es una verdad tan antigua
como el hombre mismo. Incluso en las escrituras más
antiguas se refleja. En los evangelios Jesús
decía a sus discípulos: "Por tanto
os digo: No afanéis por vuestra vida, qué
habéis de comer o qué habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis
de vestir. ¿No es la vida más que el alimento
y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que
no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros y vuestro
Padre celestial las alimenta. ¿No valéis
vosotros mucho más que ellas? No os afanéis, pues, diciendo:
¿Qué comeremos o qué beberemos
o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan
todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe
que tenéis necesidad de todas estas cosas. Hace unos días una joven
hermana de la Comunidad contaba haber dejado tiempo
atrás una relación sentimental por que
el chico, a las dos semanas, le había dado a
elegir entre seguir con él o seguir en la Comunidad. El amor tiene muchas caras y
facetas, por ello es preciso afrontarlas con serenidad,
templanza y sensatez. Sino cuando aparecen los desengaños
¿qué sucede? Pues el mundo se nos viene
encima. Este será también
un problema de situación. El ser humano ha de
evitar quedar sepultado por las adversidades de la vida.
Su situación estratégica en ella es fundamental
para permanecer estable, fortalecido. Debe de situarse
por encima de las circunstancias de la vida en una posición
elevada. ¿Recordáis como
los españoles conquistaron América? Es
cierto que los soldados españoles estaban acostumbrados
a un tipo de guerra muy distinta a la de los nativos.
Tenían armaduras, cañones, pólvora,
armas de fuego... Pero sobre todo caballos. Los indígenas
quedaron paralizados al ver hombres sobre unos animales
jamás vistos. Dejemos a un lado la historia
y quedémonos con su esencia. El hombre posee
muchas herramientas internas en su vida para afrontar
las adversidades y dificultades. Igual que los antiguos
conquistadores españoles armaduras, cañones,
pólvora, armas de fuego... pero sino montamos
sobre un caballo y afronta los combates de la existencia
carnal puede fracasar muchas veces. El éxito consiste entonces
en ver la vida desde un punto elevado, más espiritual,
menos carnal y materialista. Así los enemigos
del ser humano quedarán en inferioridad de condiciones. Moraleja: No todo en la vida
es tal y como lo vemos o nos lo imaginamos. El trabajo
del ser humano se encuentra en la profundización
de uno mismo y de todo cuanto le rodea para descubrir
el verdadero significado de todo cuanto se encuentra
dentro y fuera de él.
|