HERMANO PEDRO


Fundador de El Gran Corazón
La creación de la Comunidad fue un proyecto que aglutinó todos los esfuerzos de la vida de su Fundador y Maestro, el Hermano Pedro (1933-1993), convirtiéndola en un lugar en que los hombres pudieran aprender y desarrollar las bases del Cristianismo y del mensaje de Jesús de Nazaret, a través de la auténtica fraternidad, actualizado por los nuevos conocimientos de los que ha sido portador el Espiritismo Cristiano, revisando lo que es verdadero y desechando lo que ha sido falseado por algunos continuadores de su doctrina.

 

El legado de toda una vida

El Hermano Pedro, ayudó y orientó el desarrollo de la mediumnidad del Hermano Francisco durante muchos años, hasta que a la muerte de éste, se convirtió en el sucesor de su trabajo como director de la Comunidad y médium con una gran labor de canalización de Enseñanza Espiritual.

El trabajo del Hermano Pedro
Desde los primeros años de su vida, el hermano Pedro manifestó el gran potencial espiritual que encerraba su interior y que fue desarrollando, siendo una de las mediumnidades más extraordinarias de este siglo por la riqueza de facetas que desplegó como un rico abanico en el amplio campo del conocimiento espiritual y trascendente.Fruto de su trabajo, queda toda una fonoteca que recoge innumerables testimonios de mensajes recibidos por su mediumnidad, además de los recibidos psicográficamente, así como gran cantidad de escritos y su Curso de Enseñanza de Conocimiento Espiritual, que conforman un gran legado de enseñanza de alto valor espiritual.


Tras los pasos de un hombre

Nacido en Puente Tocinos, un pequeño pueblo de Murcia en 1.933. El Hermano Pedro tuvo ya sus primeras experiencias de la mediumnidad durante su niñez. Vivio en una familia de origen humilde que le llevó a tener una vida plagada de enriquecedoras vivencias humanas.
Pero las mayores pruebas a superar le vendrían de la consolidación de su mediumnidad, pues igual que contó siempre con la ayuda de los Mentores que lo protegieron, también el mal se valió de su inexperiencia para tratar por todos los medios de anular el despertar de su trabajo en el bien, ya que nunca contó con la ayuda de persona alguna o de maestro que lo apoyara en el mundo físico.
Su trabajo, como experto cocinero en los sanatorios psiquiátricos de D. Luis Valenciano primero y del doctor Raimundo Muñoz después —ambos en Murcia—, aún potenció más su amor y su entrega a cuantos su propia vida les reclamaba duras cuentas del pasado, y a aquellos que poseedores de una mediumnidad desconocida, la ignorancia de las mismas familias y de una sociedad bastante ajena a los comunicados del Mundo Espiritual, habían relegado por tarados o dementes en los hospitales.




La apertura de su trabajo espiritual


Con la llegada de la madurez de su vida, el Hermano Pedro se entregó a la práctica de la sanación, usando terapias naturales y asesorado por los Seres Espirituales, que a través de su mediumnidad canalizaron la fuerza curativa para las dolencias de muchas personas que acudieron a visitarlo.
Desde el año 1.975, extendió sus prácticas por Madrid, Murcia, Ávila, Andalucía, Extremadura o Portugal, hasta que en 1.987, obligado por compromisos espirituales más importantes —relacionados con la consolidación de la Comunidad—, tuvo que dejar, además de su empleo, sus prácticas terapéuticas; sin que faltaran en su haber sanaciones sorprendentes y casos que llegaron a la opinión pública y que investigaron médicos y especialistas. A la misma vez, se entregó sin
descanso, en cada oportunidad que se le presentaba, a prestar su materia
para la celebración de sesiones mediúmnicas, en ocasiones multitudinarias,
y que fueron un testimonio de la realidad espiritual y de su mensaje de Amor y de enseñanza para infinidad de personas que asistieron en aquella época a estos actos.
Por aquél entonces, sin un local donde reunirse, las sesiones se celebraban en casas de personas que con su asiduidad formaron un primer y numeroso grupo estable, el embrión de lo que más tarde sería la Comunidad de EL GRAN CORAZÓN, cuando el Hermano Pedro la fundara en 1.976: un proyecto que por indicación de los Seres Espirituales fue siempre el objetivo primordial de su trabajo.
Pero lejos de terminar su esfuerzo, el Hermano Pedro fue consciente de que había llegado el momento más importante de su vida: consolidar y hacer crecer su Comunidad, extender y divulgar sus conocimientos a toda la sociedad. Conferencias, encuentros y congresos, además de numerosos requerimientos de los medios de comunicación, en radio, televisión y prensa, lo hicieron más conocido en nuestro país.
En este sentido, el Hermano Pedro siempre concibió los medios de comunicación como una oportunidad de llegar a más personas que de un modo u otro necesitan conocer la realidad trascendente de su propio Espíritu; no buscando un afán de proselitismo, sino de hacer llegar la luz del conocimiento para aportar un bien a la vida de muchos.




La Comunidad "El Gran Corazón"

En San Javier —Murcia–España—, se estableció la primera sede de la Comunidad, que fue legalizada como asociación no lucrativa, reconocidos
sus estatutos y su representatividad social.
A partir de entonces se organizaron actividades periódicas y se comenzaron
a celebrar diversas reuniones semanales en la que se reflexionaba sobre un tema
de conocimiento espiritual, tras lo que una oración-meditación preparaba a los asistentes para la sesión mediúmnica.
Sólo con un grupo de personas profundamente comprometidas en el trabajo personal de maduración y autoperfección, se puede obtener una afinidad que permita a la mediumnidad contactar con entidades espirituales elevadas, que con sus palabras y con su enseñanza renueven las fuerzas y los compromisos constantemente, en estos momentos que estamos viviendo en los que la propia sociedad hace tan difícil cualquier esfuerzo en el ámbito de la espiritualidad, por las pautas y conductas que ésta impone.
También, infinidad de seres de mediana y baja evolución aportaron en muchas tardes sus testimonios de dolor, de angustia, de búsqueda y de esfuerzo recompensado, en la ayuda que se les prestó a través de la mediumnidad de nuestro Fundador, para que se desligaran de todos los lastres que los mantenían aferrados al mundo y se elevaran a las regiones de la luz de Dios. En ellos podemos ver las consecuencias de los actos de nuestra vida y aprender de sus errores, comprender sus sufrimientos para no equivocarnos y evitar andar los mismos
senderos errados una vez que se conocen las consecuencias de los actos
realizados en la vida física.
La mediumnidad desarrollada por el Hermano Pedro fue de lo más versátil. Entre sus comunicaciones se cuentan tanto psicografías como mensajes recibidos por intuición, además de los que testimoniaron la personalidad de cada ser en los trances de incorporación.
Tuvo también la oportunidad de contar algunas de sus experiencias en el Astral o Mundo Espiritual, por medio de un estado de trance sonambúlico, experiencias que permitieron hacer llegar a todos un poco más de conocimiento de esas moradas del Astral que antes o después nos aguardan. Era capaz de diagnosticar enfermedades y dar tratamientos naturales, conocer el estado de ánimo de otras personas e
incluso tener premoniciones de acontecimientos futuros. Sin embargo, el poseer esta gran facultad nunca le hizo considerarse un ser especial al que había que admirar; antes al contrario, rara vez hacía demostración de ello, ni siquiera entre sus más allegados, pues siempre creyó en la humildad como un valor a cultivar que “eleva al hombre delante de Dios”.
Ya con la Comunidad consolidándose, aumentando sus miembros y con todo el empuje que su madurez le daba, el Hermano Pedro compaginaba las apariciones públicas con su trabajo espiritual, fruto del cuál resultaron toda una serie de ejercicios de meditación, la programación de nuevas actividades dentro de EL GRAN CORAZÓN, como fue la institución de las CONVIVENCIAS FRATERNAS, que se continúan celebrando hasta la fecha y que es también un modo de hacer llegar a más personas la forma de vivir el Espiritismo Cristiano en esta Comunidad.
La edición de la revista El Gran Corazón fue otro de sus más importantes proyectos que vió la luz en 1.986, pues supuso un medio para dar a conocer todo el contenido de enseñanza espiritual que se recibe en esta Comunidad y la creación de un vínculo continuo con muchas asociaciones y personas que hoy en día se sigue ampliando, hasta llegar a más de treinta países.
Otro de sus proyectos fue la realización de un CURSO DE CONOCIMIENTO
ESPIRITUAL y que fue impartido en esta Comunidad, además de dedicar todo su esfuerzo al desarrollo de las jóvenes mediumnidades —como la del Hermano Francisco, actual Director de la Comunidad y autor de este libro—a través de ejercicios espirituales y de desarrollo mental, pero haciendo hincapié en asentar la propia personalidad dentro de la madurez que dá el asumir la responsabilidad que,
como individuos dentro de una sociedad, tenemos con los demás y con nosotros mismos, y que proporciona la base estable sobre la que se asienta el edificio de la mediumnidad y de toda su labor espiritual.
En sus últimos años realizó la serie de ejercicios espirituales que distribuye EL GRAN CORAZÓN actualmente en cintas de cassette, y que fueron grabados sin preparación previa alguna, sino recitados con un gran sentimiento de amor, fruto de la gran conexión que le daba su sensibilidad con sus Mentores Espirituales.




La Comunidad "El Gran Corazón"

Muchos proyectos de su vida quedaron sin hacerse realidad, entre ellos varios libros de mensajes mediúmnicos sobre diversos temas, la creación de una FEDERACIÓN ESPÍRITA CRISTIANA —que finalmente vio la luz en nuestro país—, la constitución de una ESCUELA DE ENSEÑANZA BAJO EL CONOCIMIENTO DEL ESPIRITISMO CRISTIANO, y otros muchos que no pudo concluir; una afección cardíaca que ya padecía varios años se agravó en una enfermedad que tras largos meses lo hizó desencarnar, el 20 de Abril de 1.993, a la edad de 60 años.
Liberado al fin de una materia incapaz ya de seguir siendo el vehículo manifestador de todo el potencial que guardaba su Espíritu, y cuyo alegre vitalismo contagiaba a cuantos tuvieron la suerte de conocerlo.
Sus hermanos de Comunidad lo consideramos siempre nuestro Maestro, capaz de dar hasta su último esfuerzo y aliento en favor del Espiritismo Cristiano. Amigo entrañable en las dificultades y en las alegrías, el padre recto y tierno que legó una rica herencia de conocimiento espiritual; un legado no sólo para los miembros de su Comunidad, sino para las generaciones futuras de la Tierra. Y para los que compartimos al menos parte de nuestra vida con él, siempre guardaremos la dicha de haber conocido la belleza que se escondía detrás de un ser humano con una extraordinaria capacidad para amar.