LA ORACIÓN Y LA MEDITACIÓN

Os voy a hablar de dos conceptos que son muy importantes, para esa necesaria labor íntima del hombre a nivel interno, que en el trascurso de su evolución le ha motivado intensamente para avanzar, existencia tras existencia; me refiero a la obligada labor de progresar y perfeccionarse.    

Esos conceptos a los que os hago referencia, han estado ligados al hombre de todos los tiempos y han representado algo muy significativo para su creencia religiosa. Estos conceptos son la oración y la meditación.    

Pero, ¿cuál es el significado de la oración y de la meditación?, ¿para qué nos sirven?, ¿tienen verdaderamente algún efecto positivo y eficaz en nuestra vida?, ¿qué conceptos se desprenden de ellos?

¿Oración o Meditación?
   
Una pregunta interesante sería el plantearnos en primer lugar: ¿debemos meditar antes de orar o es necesario orar antes que meditar? En un principio y como es lógico pensar, el Conocimiento Espiritual ha de adaptarse a las condiciones, exigencias o requisitos personales y característicos de cada ser humano, es decir, según sus necesidades.
   

Igual como sucede con la alimentación, que para cada persona hay un tipo específico de dieta según la edad, el tipo de enfermedad que padezca, las actividades deportivas, profesionales o laborales que ejerza, etc., también podemos aplicar este ejemplo al hecho de que quizás hayan hermanos que precisen orar antes que meditar y viceversa.    

Este sería el mismo caso que cuando vamos a comprar unos zapatos a una zapatería. El calzado sería, en este ejemplo, el Conocimiento Espiritual; pero si observáis cada tipo de zapatos son de una horma, color y forma distinta, así como hay también diferentes clases: hayzapatos deportivos, para vestir, para estar por casa, para la montaña, la playa, etc., que se ajustan a las necesidades que tenemos.    

Pero, personalmente y como recomendación, os puedo decir que en todo caso, siempre es imprescindible realizar una mínima meditación para, de esta manera, predisponernos de una forma más eficaz para la oración, o lo que es igual, en mejores condiciones para que nuestro pensamiento se eleve con fuerza y obtengamos los propósitos que esperamos, ya que la oración es siempre un acto mucho más sublime que la meditación.    

A esta pequeña meditación podríamos definirla como la concentración.

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El Poder de la Concentración
  
Pero, ¿qué es la concentración? La concentración consiste en reunir nuestra energía mental y centrarla en un punto concreto, punto éste que formamos en nuestro interior. Este punto interno o punto de encuentro al que os hago referencia sería la fuerza de voluntad.


La concentración se realiza de forma sencilla, basta con mantener toda nuestra atención fijada en el deseo de coordinar y organizar nuestros pensamientos, para que desarrollen con efectividad el ejercicio que se va a realizar.
  

La concentración que efectuamos, previa a la oración o la meditación, es una disposición interna que nos ayuda altamente en nuestra evolución interior y que predispone a la mente en su preparación y desarrollo a todos los niveles.
Es decir, estimula las facultades internas orientando nuestros sentidos espirituales hacia todo lo trascendente, con ello no sólo damos fuerza a nuestras capacidades mentales, sino que además, debilitamos los pensamientos materiales que generan en la mente dolor, preocupación, sufrimiento y enajenación de la realidad espiritual.    

Este estímulo, por contra, nos ayuda a elevar y fortalecer la energía que todos contenemos, en ese principio vital, que Dios nos otorgó al crearnos y que llamamos vida.    

Como humanos, tenemos en nuestro organismo toda una serie de sensores que captan los estímulos externos, por medio de la sensibilidad dada nuestra condición física; pero no hay que olvidar jamás, queridos hermanos, que a nivel interno, mental o emocional, también disponemos de un organismo espiritual localizado en los distintos cuerpos espirituales que conocemos y que están provistos, de igual forma, de este tipo de mecanismos sensitivos.    

Aún más os diría: estos sensores espirituales son mucho más sensibles que los físicos y es una necesidad esencial ponerlos en funcionamiento por medio de esta concentración, entre otras razones porque ésta es su función principal, la de despertar esos sentidos sutiles de nuestro ser y adormecer los físicos que entorpecen esta labor.

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La Relajación: la serenidad de la materia y del Ser Espiritual
   
Como paso previo a una meditación y como intermedio entre ésta y la concentración, es preciso realizar una relajación.

La relajación consiste en intentar aflojar o disminuir la tensión corporal, ya sea la psicológica, la nerviosa o la muscular, con el propósito de dar un descanso a toda nuestra actividad interna para conseguir un estado de reposo absoluto, aflojando los músculos y dejando la mente libre de toda preocupación.  

La relajación produce sensaciones de descanso en nuestro organismo y también en nuestra mente, que calman o alivian de forma considerable nuestro ser interno, produciendo un efecto reparador, recomponiendo y a la vez restaurando a todos los niveles, los distintos daños y deterioros que pudieran haber, compensado de esta manera, con un justo equilibrio, todas las funciones principales del cuerpo y, por lo tanto, del Espíritu.    

La tensión nerviosa y la atmósfera de presión del ambiente que ejerce la propia vida, producen muy a menudo una acumulación de tirantez, agitación, ansiedad y excitación que es necesario liberar, ya que su excesiva retención y carga proporcionan un estado alterado y de nerviosismo, que conduce a que los humanos reaccionemos de forma violenta y brusca, perdiendo, en la mayoría de los casos, el control sobre nuestra voluntad.    

Para inducirnos a una profunda relajación es imprescindible adoptar una postura cómoda, en una estancia tranquila sin ruidos ni sobresaltos. Este hecho de cerrar los ojos es muy importante y os explicaré el por qué:
Nuestro cerebro está constantemente en activo, esta actividad produce un movimiento de todos sus componentes químicos, orgánicos y eléctricos. Este movimiento, producto del funcionamiento del cerebro, se detecta y se registra en sistemas gráficos de observación —como los electroencefalogramas— a través de distintas ondas que vibran, cada una de ellas a una velocidad diferente. Esta velocidad es conocida por el término de frecuencia. Así, se registran ondas, alfa, delta, zeta, etc.

Nuestros ojos son unos importantísimos órganos sensoriales de ingreso de estímulos externos que están íntimamente conectados a toda nuestra actividad sensitiva.
   

La frecuencia del cerebro, es decir, la velocidad en la que se mueve dicha actividad, por ejemplo en estado de vigilia, —como nos encontramos en estos momentos— es de 28 a 30 ciclos por segundo, a este estado le llamamos estado Beta.
Solamente en el mismo instante en el que cerramos los ojos, las ondas que produce el cerebro, bajan unos cuantos ciclos y si a eso sumamos la concentración y la relajación, el ritmo del cerebro se sitúa entre 8 y 12 ciclos por segundo, éste sería el estado Alfa.
Cuando dormimos bajaríamos a un estado Zeta, de 3 ciclos por segundo y durante el sueño profundo llegaríamos al estado Delta de 1 o 1,5 ciclos. Sirva de ejemplo las revoluciones que registra el motor de un coche, cuando está moviéndose a las distintas velocidades que puede generar, en comparación a las que produce estando parado en ralentí. Revoluciones u ondas cerebrales cumplirían un mismo objetivo.

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La Respiración como fuente de energía
   
Concentrarse, relajarse o meditar deben caminar unidas de la mano de una buena respiración. Aprender a respirar resulta tan vital como el saber alimentarse; si no comemos correctamente podemos caer en el riesgo de contraer una grave desnutrición, con todas las consecuencias carenciales y dolorosas que mermarían nuestra salud física y espiritual.

He aquí el caso de muchas persona que su organismo no absorte todo el alimento que ingieren y que por mucho que coman jamás engordan.    

Su organismo quema más de lo que puede o debe absorber, o por el contrario, no asimila lo suficiente.
Algo parecido, es lo que sucede con el aire que respiramos.    

El tipo de respiración que debemos utilizar en una concentración y relajación, es una respiración rítmica. Esta respiración rítmica está compuesta de cuatro fases o movimientos.

 

1— Una inspiración nasal, echa de forma profunda.
2— Una retención del aire en los pulmones durante 4 o 5 segundos.
3— Una larga expiración del aire por la boca.
4— Una pausa antes de comenzar de nuevo el primer movimiento.

Esta respiración rítmica se efectúa tres veces seguidas, después de la cual, el ritmo cardíaco, diminuye a medida que nuestro estado de relajación es más profundo, hasta que desciende a un ritmo respiratorio muy leve y tranquilo.

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La Meditación: una reflexión del Espíritu

Veamos entonces, y ya en condiciones aptas, qué es la meditación. Existen muchas cosas y elementos dentro de los seres humanos que precisan, cada cierto tiempo, un reajuste. Este reajuste se consigue por medio de la meditación en áreas tan fundamentales de nuestra existencia común tales como: la alimentación, nuestra vida sexual, nuestra vida mental, la afectiva, nuestros deseos, nuestras inquietudes, nuestras reacciones en las situaciones de la vida, etc.

Si sois observadores habréis podido apreciar, queridos hermanos, que esta estrategia la siguen los grandes establecimientos comerciales, haciendo un balance o inventario para ordenar y contabilizar las tremendas cantidades de existencias del género o los artículos que mueven todos los años. Con ese orden, además, se les facilita el resto de la temporada, para planificar con mayor rentabilidad el trabajo de todos sus empleados.
   

Si por un momento imagináramos que un establecimiento de estas características no recurriera al inventario para ordenar todo el género que posee, es fácil pensar que tendría serias pérdidas económicas, al margen de que sus empleados cayeran en un desorden total.    

Todos los componentes que forman nuestra personalidad, carácter y forma de ser, a menudo entran en conflicto y se desajustan; son como los empleados de un comercio que necesitan cerrar el establecimiento para hacer su obligado y necesario balance. Este hecho viene siendo normal dado la forma actual en la que se vive, además del modo en cómo valoramos la vida.
Es por eso que, la meditación, actúa como un sano y necesario reconciliador de todo lo que en nuestro ser interno, se sale fuera de su lugar correspondiente, causando, evidentemente, intensos estragos que producen serias alteraciones en todas las facetas de nuestro ser.
Si tuviera que buscar y emplear un sinónimo para definiros el significado de la meditación, de todos los que seguramente de forma acertada podríamos utilizar, éste sería sin duda alguna el de la reflexión.    

Muchas personas meditan sin saber que lo hacen con el simple, pero no menos importante, hecho de sentirse relajados, que ya es en sí el principio de una meditación. Pero veamos cuales son los fines y objetivos que busca la práctica de la meditación, por ejemplo:

 
  • Punto—1.Un estado de relajación física: éste sería el primer síntoma que produjéramos en nuestro ser, con lo cual generaríamos un gran bienestar a nuestro sistema nervioso, glandular y muscular, reorganizando las funciones vitales del organismo y armonizando nuestros órganos y miembros internos en general en una necesaria estabilidad. De esta forma no sólo ahorramos y acumulamos energía, sino que adquirimos nuevas fuerzas para el día siguiente.
  • Punto—2. Un estado de serenidad interior: gracias a esta condición de sosiego, nos predisponemos para el trabajo interno al que nos entregamos en la meditación. Con ese estado de serenidad interior, facilitamos nuestra natural disposición interna y espiritual, para ir anulando los sentidos físicos y sensibilizar, por el contrario, los espirituales.
  • Punto—3.Un equilibrio en la mente: la mente es la principal herramienta que debemos de afinizar durante la meditación. Si nuestra mente se encuentra alterada o fija en alguna otra cuestión secundaria, difícilmente la meditación llegará a obtener los resultados que puede y aspira a alcanzar; por lo tanto, tras la relajación y el sosiego de nuestra materia debemos, a su vez, buscar esa relajación para encontrar el equilibrio, la armonía y la estabilidad mental.
  • Punto—4.Un orden en los pensamientos: con el producto de nuestra actividad mental, esto es, los pensamientos, y una vez serenada la mente, debemos hacer un esfuerzo para ordenarlos con la intención, queridos hermanos, de adquirir fuerza y capacidad suficiente como para desechar todos aquellos pensamientos que no se encuentren afinizados con los altos valores de la espiritualidad y con ese estado trascendente que la meditación nos proporciona.
  • Punto—5. Una reflexión sobre nuestras ideas: dado que hemos llegado a este punto en la meditación, necesario es hacer un alto y detenernos en ser minuciosos y a la vez que un tanto exigentes con nosotros mismos.

  • Me refiero, queridos hermanos, a que siempre es importante reflexionar sobre todos los conceptos y los valores que poseemos internamente; en una palabra, sobre nuestras ideas, para hacer con ello un sano juicio de valoración con el fin de encontrar errores o falsos conceptos, o por contra ampliar los que ya poseemos.
    Porque, seamos sinceros, ¿en cuántas ocasiones hemos descubierto que estábamos en un error, cuando aquello lo teníamos por cierto?
    Y, ¿cuántos de esos errores los podemos evitar reflexionando con una sincera actitud de humildad, para arrojar una luz de claridad sobre ellos?
    Es por lo tanto más que una obligación, una necesidad personal.
  • Punto—6.– Una sensación de Paz general en nuestro ser: el sentir la Paz es algo que, en nuestro sistema de vida occidental, parece un tanto complicado. Vivimos creando ruido constantemente, a un ritmo frenético y alocado de prisas para consumir el tiempo lo más rentablemente posible.

  • Los occidentales tan sólo concebimos la “paz de vacaciones”.
    Sin embargo, ¿cuánto de ese tiempo, queridos hermanos, lo dedicamos a fabricar y construir una auténtica Paz y serenidad en nuestro interior?
    La sensación de Paz general en nuestro ser, produce sensaciones tan sumamente necesarias e importantes como la serenidad, la calma, el sosiego, la tranquilidad.
    Mientras que éstos a su vez nos conducen hacia un estado que genera en el ser humano, efectos tan esenciales para la armonía de nuestro Ser Espiritual como el descanso, la despreocupación, la paz mental, el reposo, la placidez… Esa es una de las fuentes primordiales de vitalidad, que hoy en día tanto se desprecia en su desconocimiento.
  • Punto—7. Una conexión con las fuerzas espirituales: del punto anterior se desprende éste a través del cual, y ya en este estado armónico, podemos unir y enlazar nuestra mente con esas fuerzas espirituales.

  • Para llegar a esa conexión, hermanos míos, es imprescindible alcanzar y sentir un profundo estado de plenitud y de Paz interna, puesto que de lo contrario sería tan difícil como pretender oír una sola voz con claridad, en mitad de un estadio repleto de miles de personas.
    Las fuerzas del mundo espiritual son muy sutiles y frágiles para un sentido tosco y rudo como lo es el humano; es pues una necesidad básica agudizar nuestro más delicado sentido de la percepción para captar tales influencias.
  • Punto—8.– Un autoanálisis personal de nuestro defectos e imperfecciones: en la meditación, el autoanálisis es una materia obligada, podéis meditar para relajaros, para desconectaros del mundo y de sus problemas, para estar un rato tranquilos… pero en verdad, queridos hermanos, la auténtica meditación nos exigirá de nosotros mismos, una profunda observación de cuanto somos, de cómo somos y de cómo nos comportamos.

  • Fijáos sino en nuestra conciencia. La conciencia seguramente será la voz más fisgona y alcahueta que exista. Nadie la llama, nadie la busca, porque normalmente es fácil que los humanos tengamos algún desliz interno, que si bien nadie consigue enterarse, acabamos por ocultarlo en el cuarto trastero de nuestra mente.
    Pero la voz de la conciencia siempre acaba enterándose de todo y comentándoselo a nuestro consciente, éste a su vez actúa como cualquier madre que reprime a su hijo por haber hecho alguna fechoría; y he aquí que cuando menos se lo espera uno, te hacen sentirte culpable por lo que mal se haya echo.
    Pues bien, la conciencia es una voz sabia e inteligente que jamás engaña al hombre, y una forma de entablar conversación con ella y que nos sea realmente sincera con nosotros mismos —para que nos haga el “retrato robot” de nuestro interior, aunque quizás sea el que menos nos guste— es practicando esa necesaria autoobservación de uno mismo.
  • Punto—9. Un momento de lucidez mental para encontrar respuestas y tomar determinaciones en la vida: se dice, y bien, que todos poseemos algún tipo de facultad o sensibilidad mediúmnica; ésto es, que todos los seres poseemos en nuestro interior un sexto sentido, que nos facilita el contacto con el más allá y con sus moradores.

  • Lo cierto y verdad, queridos hermanos, es que la realidad espiritual y los que viven desencarnados en ella, nos envuelve y nos rodea, por más que nos pese o nos agrade a los humanos y dado que —como podéis observar—, la meditación nos conduce a estados de lucidez, de paz mental y de conexión trascendente con esa realidad espiritual, es fácil imaginar, y por otro lado comprobar, que existe la posibilidad de encontrar respuestas a los enigmas más indesvelables que se nos formulen en la vida y tomar esas determinaciones que tanto nos angustian producto de nuestras dificultades y conflictos en ella.

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La Oración: un diálogo de Almas   

Si bien la meditación es un imprescindible ejercicio o práctica por medio del cual los humanos ponemos orden en el interior de nuestra mente, de nuestros pensamientos y también de nuestro organismo físico, la oración, por otro lado, es ese necesario estímulo con el cual ir en busca del mundo trascendente y de sus realidades.    

Si pensamos que la oración es un elemento exclusivo de las religiones seguramente caeremos en un error, puesto que mucho antes de que éstas se crearán los hombres imploraban sus ruegos al Cielo para pedir su auxilio por medio de los oráculos, los rituales y otros medios primitivos.    

Era indiferente si pedían al dios sol o al dios fuego o al dios de la guerra, a fin de cuentas, mis queridos hermanos, nadie enseñó al hombre a orar, puesto que esta particularidad estaba intrínseca ya en sus más profundas entrañas.    

Lo que sí ha sufrido un profundo cambio, milenio tras milenio, ha sido la forma y el contenido de la oración, puesto que grandes Maestros, como lo fue Moisés en su tiempo o más tarde el mismo Jesús, nos enseñaron y educaron cómo y de qué forma debíamos de entender y practicar, de una forma correcta, la oración.     La oración es la forma en la que se expresa una parte de nuestro ser que tiene la capacidad de conectarse con la dimensión sutil de todo lo espiritual. Es una comunicación donde se entabla un diálogo muy característico, un diálogo de Almas.   

La oración, por lo tanto, es un ruego, una súplica, en definitiva una petición que hacemos a fuerzas superiores a nosotros, con la intención o con la esperanza de que nos puedan ayudar o escuchar en el contenido que dejamos impreso en ella.    

Es, por lo tanto, la oración un mensaje o aviso que lanzamos hacia esa dimensión infinita que es el espacio donde moran seres espirituales de la más variada categoría y, evidentemente, por encima de ellos el Creador.
Con la oración van unidas toda una serie de Leyes Divinas que son las que están más en relación con el efecto que produce, por ejemplo:

•La Ley de Afinidad o de Correspondencia Vibratoria, esta Ley nos dice que todos los afines, sean cuales sean sus naturalezas y grado de evolución se atraen. Es decir que la esencia de lo que imprimimos en una oración es captado por unas entidades espirituales determinadas, en ellas fomentamos el interés por lo que emitimos, para acabar persuadiéndolas y que de alguna forma nos influencien.
De esta manera, según sea lo que emitamos y contenga esa oración, ésta se verá identificada con otras entidades espirituales que sientan simpatía o semejanza con sus propios sentimientos y pensamientos.

•La Ley de Causa y Efecto, esta Ley Divina nos enseña el resultado de nuestras propias acciones, tanto las internas a nivel de nuestra actividad psíquica, como las externas que efectuamos físicamente.
Toda causa por la que pedimos en nuestra oración crea automáticamente un efecto. La causa por la que oramos, origina primeramente un efecto en el individuo, en el momento en el que se crea, para ir más tarde al lugar o a la persona que va dirigida. Inmediatamente después, como resultado, retorna al punto de origen para volver a producir un efecto idéntico al anterior pero potenciado según sea la naturaleza o la intención, buena o mala, con la que haya sido concebida.
Es decir, que si nuestra voluntad interna al orar es positiva, buena, constructiva, humilde y fraterna, los efectos resultantes tanto para él o los destinatarios, como también los que vamos a recibir nosotros mismos, serán idénticos a la intención que hemos reflejado en la oración emitida, sólo que sus efectos estarán multiplicados; con lo cual los beneficios son dobles.
Es aquello que nos decía Jesús: “Lo que vosotros hicierais por vuestros hermanos, mi Padre os lo retornará centuplicado”.
Pero de igual forma sucede, queridos hermanos, cuando la oración se ve mezclada de peticiones egoístas, ambiciosas o corroída por los celos, las envidias y todo lo que tenga que ver con lo banal del mundo humano.
El Maestro decía: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, “Cada uno recibirá según sus obras”.
La oración contiene en sí misma una compleja estructura. Un entramado de profundos conceptos tan importantes como por ejemplo:

•La Fe, que es el fervor íntimo del hombre, la devoción religiosa, nuestra esperanza o confianza que depositamos en Dios.
•La Plegaria, que es la fórmula que cada uno emplea internamente a través del rezo y según su formación filosófica, religiosa o moral.
•La Afinidad, que produce una reacción de correspondencia, es decir, una semejanza que va unidad a lo que dejamos impreso en ella, como son: los sentimientos, pensamientos, deseos…
•El Potencial Interno de cada ser, un contenido de fuerza interna que varía según la capacidad de cada ser humano; con lo cual, es fácil adivinar que cuanto más se cultivan las virtudes y las cualidades positivas en nuestra vida como hombres, mayor es el caudal energético que se desarrolla en la oración.
•La Invocación, que es la llamada espiritual de todo ser, una convocatoria interior que se realiza con el deseo de congregar o reunir las fuerzas Divinas para hacerlas presentes en nosotros y de esta manera fortalecernos o ayudarnos para la superación de las dificultades que nos surgen en la vida.
•La Evocación, que cumple el mismo objetivo y finalidad que la invocación, sólo que, la Evocación, va dirigida hacia el Astral como una llamada hacia los Seres Espirituales, que vibran en sus respectivas moradas.
Por ejemplo, cuando un médium se predispone para la comunicación mediúmnica invoca las fuerzas de lo Alto, tanto las suyas como las del Mundo Espiritual y Evoca, además, la presencia de su Mentor o sus Guias Espirituales, para que le asistan y protejan en el momento de la conexión.
El Maestro nos aleccionó al respecto cuando nos decía:
“Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá”.
La oración está estrechamente ligada a ciertos acontecimientos o situaciones de nuestra vida, en las que es especialmente necesaria para la mayoría de los humanos. Por ejemplo, en el dolor, ya que el dolor y todo lo que produce en nuestra existencia como el sufrimiento, la angustia, la desesperación, la amargura y otras más, nos sensibiliza las fibras más sutiles del Alma, haciéndose ésta más receptiva y necesitada del consuelo de Dios que busca a través de la oración.
Ya por último, queridos hermanos, vamos a tratar un conjunto de aspectos que, indistintamente para ambos casos en la meditación y la oración, son muy importantes saber y poner en práctica.
Estas cuestiones son:
•¿Cuándo debemos de realizar una oración o una meditación?
•¿En qué lugar es más propicio efectuarlas?
•¿Con qué frecuencia debemos de practicarlas?
•¿Cómo o qué fórmula debemos de seguir? ¿Hay algún sistema por el cual debamos de inclinarnos?
Veamos la primera.
•¿Cuándo debemos de realizar una oración o una meditación?
La oración y la meditación se deben realizar siempre y en todos los casos, por una necesidad interna que sintamos dentro de nosotros. Ha de haber algo en nuestro Yo Espiritual que nos incite o empuje a realizarlas, ya que por el mero echo de practicarlas no conseguiremos realmente los profundos resultados que en sí encierran.
Hay muchas personas que las practican por costumbre o por tradición cuando en verdad no tienen realmente la necesidad de hacerlo.
Meditar porque están de moda las culturas orientales o realizar la acostumbrada oración dominical, nos lleva a practicarlas por costumbre y por nada más.
•¿En qué lugar es más propicio efectuarlas?
Tanto la oración como la meditación, precisan de un lugar adecuado donde efectuarlas. De entrada os diré que es absurdo tener que construir un santuario o una catedral para que los hombres puedan rezar o meditar, cuando Dios edificó en el ser humano la más valiosa obra de arquitectura espiritual: su Alma.
La esencia del Alma es la misma que podemos encontrar en la naturaleza. Por lo tanto, si recurrimos a ella, nuestra Alma se sentirá envuelta de un ambiente familiar que la haga sublimarse. Una música tranquila, un lugar ordenado, un ambiente de Paz y una actitud de recogimiento interior son los únicos requisitos que se precisan. El resto, es ya un trabajo interno de cada uno.
•¿Con qué frecuencia debemos de practicarlas?
La frecuencia con la que debemos de practicarlas depende y varía con las mismas necesidades que las del primer punto, es decir, cuando se sienta una verdadera necesidad. En cualquier caso, hermanos, jamás debemos de imponernos nada por obligación ni tomarlo como una rutina, puesto que de hacerlo así estaremos perdiendo un tiempo y un esfuerzo valioso que podríamos dedicar a otras cosas más constructivas.
•¿Cómo o qué fórmula debemos de seguir? ¿Hay algún sistema por el cual debamos de inclinarnos?
Moisés enseñó a su pueblo que había un sólo Dios, mientras que Jesús nos enseñó quien era ese Dios y de qué forma debíamos de dirigirnos a El.
La oración del “Padre Nuestro” es más que nada una fórmula establecida que realizamos en recuerdo del Maestro, pero de ninguna manera, queridos hermanos, es útil recurrir a fórmulas determinadas que con el tiempo llegan a ser una rutina inútil.

Además, se produce el hecho que nos acostumbramos a los sistemas que otros ya han creado y nos olvidamos de que, como el ejemplo de la zapatería, cada uno necesita una fórmula, modelo o procedimiento distinto y adecuado a su manera de ser y de sentir, puesto que no existen dos Almas iguales.  

La concentración, la relajación, la respiración y la meditación son unas importantes técnicas de autocuración, de análisis interno y de reflexión. Observadlas pues como lo que son en realidad, una forma de comunicación, un lenguaje interno con el cual conectarnos a esa fuente infinita de Amor que llamamos Dios.
 
Hermano Francisco

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SUMARIO:

Oración o meditación

El poder de la concentración

La relajación

La respiración

La meditación

La oración